WASHINGTON.- El terremoto que provocó la victoria de Donald Trump repercutirá de lleno en la próxima conformación del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que podría pasar a manos de los conservadores durante las próximas décadas porque los nuevos nombramientos se harán bajo la batuta de un presidente y un Congreso republicanos.
Con su voto, los estadounidenses confirieron a los republicanos el poder de la Casa Blanca y del Congreso, pero también de manera indirecta les otorgaron el Tribunal Supremo.
La razón es que Trump tendrá el poder de elegir no solo al sustituto del juez conservador Antonin Scalia, fallecido de manera inesperada en febrero de este año y aún no reemplazado, sino también seguramente el relevo de algunos de los ancianos magistrados que componen el alto tribunal.
Cuando el 20 de enero de 2017 tome posesión Trump, tres jueces tendrán más de 78 años, la edad media con la que los magistrados del Tribunal Supremo han colgado la toga desde 1960.
Según los expertos consultados, los tres jueces con mayor probabilidad de dejar su cargo son el conservador Anthony Kennedy, de 80 años, y los progresistas Stephen Breyer, de 78, y Ruth Bader Ginsburg, de 83 que hace meses llamó “farsante” a Trump, aunque luego se retractó.
“Trump podría mantener la tendencia conservadora de la Corte durante una generación”, pronosticó Ilya Shapiro, analista que trabaja para el Instituto Cato. A corto plazo, Trump nombrará a un juez conservador para sustituir a Scalia y el Tribunal Supremo volverá al statu quo con cuatro jueces progresistas y cinco conservadores, una posición vigente desde 1972.
Pero, a largo plazo la Corte podría sufrir una transformación radical,ya que Trump prometió que sus nombramientos saldrán de una lista de 21 jueces que cuentan con el visto bueno de la derecha cristiana, se oponen al aborto y han prometido proteger el derecho a portar armas.
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