En 1946, la Armada argentina liberó 20 castores canadienses en Tierra del Fuego, en el extremo sur del país, para fomentar la industria peletera. Hoy, 70 años después, el número de ejemplares de esta especie exótica invasora supera los 100 mil y ya destrozó una superficie equivalente a casi dos veces la ciudad de Buenos Aires.
“Lo que antes era un bosque ahora es un pastizal con árboles cortados y ahogados”, describe el biólogo Andrés Schiavini, al frente del titánico reto de erradicar a los castores de Tierra del Fuego para salvar sus bosques nativos. Para ello, un equipo de 10 personas, preparadas para permanecer en el bosque con temperaturas muy bajas, los buscarán con trampas con las que prevén matar a 10.000 castores por etapa, hasta llegar a los 100 mil.
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