Desde la lucha contra el calentamiento global a los presupuestos para investigación, la comunidad científica de EE UU teme lo peor con el futuro gobierno de Donald Trump, que designó como su máximo asesor a Stephen Bannon, un supremacista blanco, y que es visto ya como el dirigente más hostil con la ciencia. “Trump es el primer presidente que tenemos en contra de la ciencia y las consecuencias serán muy malas”, afirmó Michael Lubell, portavoz de la American Physical Society, en sintonía con el pesimismo del sector, que también teme la falta de contratación de talentos extranjeros.
El próximo vicepresidente, Mike Pence, es un político ultraconservador y creacionista, al igual que Ben Carson, médico y ex precandidato republicano que hasta ayer se barajaba para manejar el área de Salud en medio de una gran controversia. Pence se opuso a la investigación sobre células madre y es un abierto antiabortista. Carson, único afroamericano del equipo de Trump, finalmente anunció que no ocupará ningún cargo porque prefiere “asesorar desde afuera”. Su figura despertó polémica porque es partidario de la “teoría de la Tierra joven” (de sólo 6.000 años de antigüedad), y sostiene que el evolucionismo es satánico y el Big Bang, un “cuento de hadas”. Como se sabe, la teoría del Big Bang (gran estallido) constituye el momento en que de la “nada” emerge toda la materia, es decir, el origen del Universo. En tanto, el creacionismo considera que el Universo y la vida se originaron “de actos concretos de creación divina” y que la Tierra se creó tal como se cuenta en el Génesis (en seis días). En consecuencia, rechaza la teoría de la evolución de Charles Darwin, sobre la que se fundamenta la biología moderna.
La alarma de la comunidad científica gira también en torno al clima, porque Trump declaró que no cree que los humanos sean responsables del calentamiento global. Para él se trata de “un complot de China” en contra de EE UU, por lo que prometió sacar a su país del acuerdo de París, el cual busca mitigar los efectos del cambio climático. “Si Trump cumple sus promesas de campaña, será difícil mantener el alza de las temperaturas del planeta bajo los niveles peligrosos”, explican analistas.
Fiel a sus ideas, el magnate planea designar a Myron Ebell al frente de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Ebell es director del Centro para la Energía y el Medio Ambiente del Competitive Enterprise Institute (CEI), un “laboratorio de ideas” (think tank) donde trabaja haciendo lobby para empresas del sector de los hidrocarburos. De hecho, Ebell es el jefe de la “Cooler Heads Coalition” (Coalición de las cabezas frías), que comprende a más de dos docenas de grupos sin fines de lucro de EE UU y el extranjero que cuestionan el alarmismo en torno al calentamiento global y se oponen a las políticas de racionamiento de energía.
Ebell se enorgullece de militar contra el cambio climático, uno de los temas con más consenso entre los científicos. En un comercial del CEI, se explica que el dióxido de carbono (CO2) no es peligroso y que en realidad es algo bueno, no el principal causante del catastrófico cambio climático. Como si hablara a niños muy pequeños, el locutor del comercial afirma que el CO2 “no es smog ni humo”, sino “es lo que nosotros exhalamos y las plantas inhalan. Lo llaman contaminación. Nosotros lo llamamos vida”.
Además de la EPA, otro frente importante para la lucha contra el cambio climático será la elección del secretario de Energía. El principal candidato para dirigir esta cartera es, hasta ahora, Harold Hamm, magnate del gas y del petróleo en Oklahoma con su empresa Continental Resources. Así, podría convertirse en el primer titular de esa cartera llegado de la industria petrolífera desde que el cargo fuera creado en 1977. Hamm, responsable del auge del fracking en Oklahoma, también tuvo sus entredichos con los científicos. En 2015 pidió al decano de la Universidad de Oklahoma que despidiera a los científicos que relacionaban las exploraciones petrolíferas y de gas mediante la técnica de fractura hidráulica con un aumento del 400% en el número de terremotos, según reportó Bloomberg al obtener los mails del decano vía petición de acceso a registros públicos.
SUSCRIBITE a esta promo especial