Desde Casa María Pueblo hemos realizado talleres en cárceles con psicópatas que cometieron delitos gravísimos para intentar comprender y conocer que ocurría en la construcción psíquica de estas personas. Algunas conclusiones fueron que pareciera ser que estos agresores sexuales padecen un trastorno en su estructuración psíquica. Se trata de personas que suelen ser inseguras, inmaduras, con un machismo exacerbado, poco tolerantes a la frustración y que en la mayoría de los casos sufrieron, a su vez, agresiones sexuales y maltratos físicos sistemáticos durante su infancia.
Otros de los rasgos salientes fueron el de mantener su comportamiento abusivo separado del resto de su vida, destacando en su personalidad la inseguridad, la necesidad de obtener la aprobación de los demás, la inmadurez afectiva y el ser proclives a una agresividad descontextualizada, y con una incapacidad para identificar como un sujeto a sus víctimas o a reconocerlas como personas con derecho a ser respetado.
La doctora Olga Cáceres, psiquiatra y fundadora de Casa Abierta María Pueblo, señalaba que “la gente tiende a pensar que las violaciones son cometidas por marginales o alcohólicos, pero lo más frecuente es que detrás haya una persona que para los demás sea alguien común y corriente. El tema que los obsesiona suele ser el poder y su abuso extremo, y el sexo como una continuidad de este abuso. Es por eso que no siempre buscan víctimas físicamente atractivas, sino aquellas que les resultan más vulnerables. La conclusión es que son personas de alta peligrosidad y con un bajo índice de recuperación para la vida en sociedad, pues suelen actuar con gran frialdad y crueldad, hasta el punto de jactarse de sus víctimas como si fueran “trofeos” en sus círculos íntimos”.
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