El decretazo con el que le quitaron cuatro carreras a Medicina terminó en una especie de “engendro” aprobado por el consejo superior con un solo propósito: maquillar una estruendosa derrota política del Rectorado que, sin embargo, es tan difícil de ocultar como un elefante en un aula.
Se aprobó algo tan confuso y rebuscado, que quizá se pierdan de vista los puntos clave de este último conflicto. Lo que sucedió fue que, en un arrebato, la Presidencia de la Universidad le amputó a Medicina la Escuela de Recursos Humanos. ¿Por qué? Porque en el medio hay una guerra declarada contra Medicina, acentuada desde que esa facultad se negó a votar una declaración que el Rectorado les arrancó a los decanos para apoyar a Scioli antes del ballotage con Macri. Esa era una “devolución de gentilezas” por una relación que el “establishment” del Rectorado (representado por Fernando Tauber) había tejido con el kirchnerismo hasta extremos que todavía no se conocen. Esta semana un fiscal federal impulsó una causa para investigar los manejos financieros entre el anterior gobierno y las universidades nacionales (entre ellas la de La Plata).
Lo cierto es que este nuevo “castigo” a Medicina se hizo de un modo tan brusco e inconsulto (el decretazo ni siquiera fue consensuado con los “decanos amigos”) que generó lo que no se había previsto: una fuerte resistencia de decanos y profesores de otras facultades. Se lo hicieron saber sin eufemismos al presidente Perdomo, al que muchos decanos le adjudican actuar “bajo presión” de otros estamentos del propio Rectorado.
Para evitar que el consejo superior rechazara el decretazo de Perdomo, negociaron un “engendro”: aprobarlo pero, a mismo tiempo, crear una comisión (el eterno y manido recurso para zafar de un brete) que se encargará, supuestamente, de revisar el funcionamiento de la Escuela en la que se dictan carreras asociadas a la medicina y establecer que, antes del próximo 30 de abril, esa dependencia le debe ser devuelta a la Facultad. En los hechos, la medida abre un periodo de incertidumbre y confusión. Pero queda clara la derrota del rectorado, que intentó quitarle cuatro carreras a Medicina y ahora deberá devolvérselas en abril. No es necesario decir que diciembre, enero y febrero “no existen” para la Universidad.
Pero hubo algo más significativo: las facultades de Derecho y Económicas (fundamentales en cualquier arquitectura política de la Universidad) votaron directamente en contra y ni siquiera avalaron este engendro de apuro. Quedó expuesta, de esa forma, una fractura que podría tener derivaciones en el futuro.
La derrota del Rectorado determina, más allá de la hojarasca, una reacción frente a un modo de conducción universitaria que ya ha mostrado sus planes de perpetuarse hasta el 2022.
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