Jared Kushner (35), yerno del presidente electo de EE UU, Donald Trump, podría ocupar un puesto clave en la Casa Blanca, según aseguran varios medios de comunicación estadounidenses. El diario The Wall Street Journal, que cita a fuentes cercanas al equipo de transición, señala que Kushner está estudiando la posibilidad de tener un papel formal en la Administración, como asesor o consejero del mandatario, pero también baraja la opción de trabajar con él sin cargo oficial. Según el matutino, tanto el que será jefe de gabinete de Trump, Reince Priebus, como su consejero principal, Stephen Bannon, quieren que Kushner esté en el círculo de trabajo más cercano del nuevo presidente, algo que también apuntó el canal NBC.
Kushner es joven y no tiene experiencia en política, pero en el clan Trump la familia pesa mucho. Casado con Ivanka, la hija mayor de Trump, Kushner tiene aspecto de buen estudiante, mucho dinero y fama de persona amable y reservada. Los perfiles que por estos días le dedica la prensa estadounidense hablan, al mismo tiempo, de alguien ambicioso que fue capaz de imponer muchas de sus opiniones en el equipo de su suegro y que no dudó en desplazar a sus enemigos.
Kushner se ha convertido en la voz que susurra el oído de Trump, en su “jefe de campaña de facto”, según The New York Times, y en el encargado de tender puentes entre distintas facciones dentro y fuera de la campaña.
Como su suegro, Kushner debe su fortuna al negocio inmobiliario y entró en él por herencia paterna, pero a diferencia de Trump es poco amigo de mostrarse. Su silencio durante la campaña lo rompió con una carta publicada en el New York Observer -medio del que es dueño- defendiendo al magnate después de que este compartiera en Twitter un montaje de Hillary Clinton con una estrella de David y fajos de billetes para acusarla de corrupción. A Trump le llovieron las acusaciones de antisemita y su yerno -judío practicante, nieto de sobrevivientes del Holocausto y cuya mujer se convirtió al judaísmo antes de casarse- no dudó en salir en su apoyo para tratar de enderezar una campaña que desde el principio contó con las simpatías de la extrema derecha.
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