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Atrapados y resignados en el laberinto de los piquetes

Un pequeño grupo de manifestantes cortó la calle varias horas, frente a la Casa de Gobierno de la Provincia

Por Redacción

Es viernes. Mañana soleada y temperatura primaveral. No se cortó la luz y hay buena presión de agua. Todo parece “redondo” para arrancar un día de trabajo con energía y buen humor. Pero el vecino que ayer haya salido de su casa con ese ánimo, no tuvo en cuenta que La Plata es una de las ciudades donde se registra un mayor número de piquetes por semana. En promedio, hay al menos dos cortes de calles por día. Y, por supuesto, el de ayer no fue la excepción.

Transitar por el centro de la Ciudad en medio de calles cortadas es algo que contamina el humor de cualquiera que vaya en auto, en taxi o en colectivo. Sin darse cuenta, uno puede quedar atrapado en un laberinto del que no es fácil salir. No sólo no se “disuelven” los piquetes; tampoco se ordena el tránsito ni se orienta a los damnificados. Tampoco se tienen en cuenta los cortes de protesta para no superponerlos con otros que se realicen por obras. Así fue, entonces, que ayer a la mañana se armó un caos en la zona de 8 y 62 porque ese tramo de 8 estaba cortado por una obra. Pero al mismo tiempo, cuando se bajaba por 6 se chocaba con un piquete frente a Gobernación (foto) protagonizado por un grupo minúsculo que instaló frente a Plaza San Martín un pequeño campamento.

A eso se sumaban los cortes de manifestantes que se dirigían a Buenos Aires para participar de la marcha que se realizó frente al Congreso por la ley de emergencia social.

Motivos y explicaciones no faltan. Lo cierto es que el pobre vecino que intenta llegar a su trabajo, va a buscar a sus hijos al colegio o necesita cumplir un trámite en el Centro, es siempre la víctima de conflictos en los que no tiene ni arte ni parte.

La Ciudad parece acostumbrada. Basta observar las caras de los automovilistas para advertir gestos de impotencia y resignación. Muchas veces, ni siquiera se escuchan bocinazos. Como si los damnificados hicieran el esfuerzo que otros no hacen frente a las penurias que les tocan todos los días.

Cada vez se necesitan mayores dosis de paciencia, de tolerancia y estoicismo para conservar en La Plata el buen humor.

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