Disney sabe lo que hace: lo que como premisa parecía absurdo (reversionar sus clásicos animados, muchas veces protagonizados por animales y colmados de magia, con personas de carne y hueso) ha demostrado ser un gran éxito. ¿Los motivos?
Disney se ha percatado de que volver a adaptar sus valiosas franquicias, además de ahorrarles compra de derechos de otras historias y evitarles tener que pensar nuevos universos, es una inversión sin riesgo, debido a que a las audiencias les gustan las historias familiares, que unifican además a las generaciones que vieron los clásicos de Disney, con sus hijos, introduciendo así a una nueva generación a las historias del mágico mundo de la empresa.
Todo es posible, claro, gracias al poder de la nostalgia, el producto número uno en venta hoy en el cine gracias, en gran parte, a la propia Disney.
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