Los psicópatas integrados poseen una sofisticada capacidad para el mal, son incapaces de ponerse en el lugar de sus parejas, sentir pena, lástima o compasión por ellas. No obstante y a pesar de estas características, resulta sumamente difícil identificarlos, ya que se ocultan bajo una máscara de encanto y bondad y suelen ser individuos intelectualmente bien preparados. Este factor dibuja una brecha diferencial entre la psicopatía y la sociopatía, dos términos a menudo confundidos o tomados como sinónimos: un sociópata que realiza un acto de crueldad aún cuenta con una conciencia moral que se lo reclama, mientras que un psicópata, simplemente, no tiene conciencia. Un psicópata es incapaz de ponerse en el lugar de otra persona, sentir pena, lástima o compasión por ella. Cualquiera puede convertirse en víctima de un psicópata. Las personas que caen ante estas personalidades son más vulnerables en la adultez, porque quieren creer que han encontrado el amor de sus vidas, aquel que las va a cuidar y curar sus heridas. La técnica de aplicación por excelencia para desvincularse de un psicópata es cortar por completo la comunicación, ya que la proximidad plantea riesgos para la víctima y la hace propensa a recaer en el ciclo tóxico.
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