Se las rebuscan con los recursos que poseen: cualquier habilidad física o el arte en sus diversas manifestaciones. Y se ganan la vida en la vía pública; ya sea en las esquinas, donde aprovechan el “parate” vehicular que impone la luz roja del semáforo, como en los centros comerciales con alta circulación de peatones que por un mini recital les cargan la “gorra” con monedas o billetes.
Diagonal 80 en su cruce con 5 y 48; 8 y 59; 12 y 51; 12 y 48; 13 y 32; 122 y 52. Suelen ser esas las esquinas elegidas por malabaristas y artistas para mostrar sus destrezas y “hacerse” el día. De los centros comerciales, el de calle 12 sea quizá el de mayores “puestas”. Entre las calles 54 y 59 se despliegan, en ambas manos, distintos géneros musicales que interpretan grupos o solistas. A medida que se van acercando las vísperas de las fiestas de fin de año, cuando suele crecer el interés de los vecinos por las compras, esas cuadras se van recargando de artistas que le sacan jugo al movimiento callejero.
“Por lo general me va bien, con días muy buenos y a veces días muy malos, pero con lo que saco en los semáforos me las arreglo bien para el gasto diario”
Andrés González -28- ya es un viejo conocido entre los conductores platenses. El joven, colombiano de origen, es el deleite de los amantes del fútbol. Con una pelota como única herramienta y una capacidad excepcional para levantarla del piso, cabecearla y hacer “jueguitos” hace su show mientras que la gente en los autos espera que la luz le habilite el paso.
En una jornada de cuatro horas, Andrés, que había llegado a La Plata para estudiar Educación Física pero no pudo continuar con la carrera, se lleva con los malabares un promedio diario de $300. Esta es una ciudad en la que siente muy cómodo, aseguró. “Me tratan muy bien; es un país futbolero y se nota que les gusta ver rodar la pelota”, dijo.
Las clavas suben, bajan, hacen figuras en la altura y viajan, en un intercambio que sólo Jorge -34- y Génesis -20- pueden llevar adelante con tanto dominio y precisión. A veces en la esquina de 8 y diagonal 73, pero la mayoría de la ocasiones en cualquiera de los cruces de la avenida 32, esta pareja de artistas trashumantes abandonó hace un tiempo la confección y venta de artesanía y se volcó a los malabares. “Nos rinde más -explica el joven-. Si trabajamos muchas horas cada vez en tres o cuatro días podemos llegar a sacar 1.500 pesos. No es difícil que la gente colabore. Si el primero de la fila de autos nos da algo de plata lo más probable es que los demás se contagien y que también nos den algo”.
El es de Tandil y ella de Tres Arroyos. Se conocieron hace unos años y no permanecen mucho tiempo en ninguna ciudad. “Ahora estamos en La Plata, pero para el verano nos vamos a trabajar a Mar del Plata. Y vamos a seguir recorriendo otros lugares con el malabarismo”, cuenta Génesis.
Artista “multifunción”, que apunta tanto al público infantil como al adulto, a veces con clavas y otras vestido de payaso, Arhady -34- también llegó de Colombia y se gana la vida en las calles, parques y plazas con lo que sabe hacer: una rutina que ajusta según sea el escenario. “Por lo general me va bien, con días muy buenos y a veces días muy malos, pero con lo que saco en los semáforos me las arreglo bien para el gasto diario”, dice. Por lo general, se lo ve en la esquina de 122 y 50, en la zona de las facultades del Bosque. “Ahí puedo llegar a recaudar entre 150 y 200 pesos por días, pero lo que más da son las contrataciones para fiestas y a veces surgen de esa parada en los semáforos”, confía.
En el centro comercial de calle 12 las mañanas y las tardes son cada vez más musicales. Y un lugar en el que seguro hay alguien tocando un instrumento es en el sector de vereda por donde se ingresa a la sucursal del Banco Provincia. En primera fila siempre están los usuarios de los cajeros automáticos que esperan su turno formando cola mientras que uno, dos o tres jóvenes ofrecen jazz, folclore, melódico o composiciones de la música popular conocidas por todos.
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