Por MARTIN MENDINUETA
OPINION
Hoy apenas cruzó la frontera de la mayoría de edad, pero cuando acumule varias décadas de vida seguirá recordando cada detalle de su primera actuación sobresaliente en el arco “más grande” de Estudiantes. Lo del último sábado fue consagratorio. Como para guardar el video. Sus intervenciones hicieron que la gente volviera a su casa hablando muy bien de él. De ese chico simple, criado en Villa Elisa y crecido en la cancha de su querido Curuzú Cuatiá. De ese grandote (mide un metro noventa) que dos segundos después de haber desviado al córner el penal de Pablo Ledesma, señaló al cielo y todos entendimos que era la más linda dedicatoria para su papá fallecido.
El fútbol es demasiado cruel en las malas e increíblemente dulce cuando llegan las buenas. “Pepi” ya había tenido vivencias en el máximo escalón, aunque había dejado flotando en el ambiente algunas dudas sobre su manera de involucrarse en el juego con los pies. Eso seguramente influyó para que Vivas, ante la tan inoportuna fractura de Mariano Andújar, eligiera primero a Nahuel Losada. De pronto, luego de haber jugado ante Tigre en Victoria como titular, pasó a quedar ubicado como el tercer arquero del plantel.
Eso no fue todo. Hace poco más de un mes, cuando Estudiantes perdió el clásico de reserva jugado en Estancia Chica, Daniel Sappa tuvo un momento de furia. Lo expulsaron poco antes del final, respondió agravios de algunos hinchas locales que estaban detrás del alambrado y, cuando llegó al vestuario, descargó su bronca con una puerta. Todo mal. ¿Qué hizo después? ¿La embarró más? ¿Se enojó con los que dimos a conocer la noticia? Muy por el contrario. Inmediatamente reconoció el error ante las autoridades del club y, al otro día, durante una entrevista en El Equipo Deportivo de La Redonda, pidió disculpas públicamente. Y especialmente a la gente de Gimnasia. Ese día, sin saberlo, empezó a construir la estupenda actuación que disfrutó el último fin de semana ante Colón. Aquello fue una muestra de su buena educación, de su condición de persona y no de futbolista. Su mamá, en casa, y su papá, allá arriba, deben haber sentido orgullo.
“Por más que haya pedido disculpas, a este chico le va a costar mucho volver a tener una oportunidad en primera”, pensé en voz alta como tantos otros. Nos equivocamos (todos lo hacemos). Un puñado de semanas más tarde, River quiso hacerle un gol en la cancha de Huracán y no pudo.
SaBADO PERFECTO
Colón vino a buscar un empate al estadio Ciudad de La Plata y estaba en todo su derecho de plantearlo así, con mucha más cautela que ambición. Cada uno se posiciona en el campo como cree que le conviene. Ante esa postura táctico-estratégica diseñada por Paolo Montero, el único puntero e invicto se puso a trabajar juramentándose no extraviar la paciencia. En el primer tiempo tuvo un comienzo muy auspicioso, prometedor ciento por ciento; aunque fue perdiendo claridad y convicción en el momento de pisar los tres cuartos de cancha.
Durante el complemento llegó lo mejor, “Carlitos” (a esta altura de su crecimiento casi que no hace falta escribir su apellido) le sirvió un muy buen centro a Viatri y Lucas sacó un cabezo digno del mejor Martín Palermo. Jorge Broun se tiró, pero no llegó ni a rozarla... Golazo. Marca registrada de un hombre de jerarquía.
El huésped, obligado a arriesgar un poco, avanzó con más gente y desde un lateral generó el primer susto grande. Pablo Ledesma cabeceó el centro que le enviaron con las manos y exigió mucho a Sappa. Su estirada generó aplausos y les hizo saber a todos los hinchas albirrojos que el reemplazante de Andújar estaba encendido.
Después, a los 43’, llegó el penal. Cuando éramos chicos (tengo medio siglo de vida), esa mano no se sancionaba, pero ahora varias cosas han cambiado y “como ocupa un espacio indebido o antinatural” marche preso. Hoy es penal. El árbitro no se equivocó. Sin imaginarlo, Patricio Loustau sembró la semilla para que germinara el momento culminante de la tarde.
Otra vez el ex Boca y Sappa frente a frente. Ya todos saben lo que pasó. “Pepi” voló sobre su derecha y la multitud todavía le está diciendo “gracias, muchas gracias”.
Señores, de pie. Estudiantes continúa mandando en soledad. Discutir sus virtudes sólo será un ejercicio honesto si el verdadero fin no busca desprestigiarlo. Es cierto que no es un equipo perfecto; tanto como que hasta aquí ha sido claramente el mejor. ¿Saldrá campeón? Imposible responderlo. Sigue siendo muy temprano. Lo único que me atrevo a dejar plasmado con tinta en el papel es que las fechas pasan y Estudiantes es cada vez más serio candidato al título.
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