“Doctor Strange” es un nuevo mojón en la franquicia superheroica que arrasa en la taquilla con cada entrega, pero que había dado vastas señales de agotamiento. Los temas, las tramas y la comedia burbujeante corrían el riesgo de convertirse en acartonadas fórmulas que entusiasmaban cada vez menos a la audiencia y con una franquicia multimillonaria en las espaldas, imperaba la sensación de una decisión consciente de no tomar riesgos que había redundado en una serie de filmes higiénicos, seguros.
Pero la nueva entrega revoluciona aunque sea las superficies del universo cinematográfico más exitoso del mundo: el eco de fondo sigue siendo el mismo (hay “fan service” para que el público aplauda, el héroe lucha entre la autopreservación y arriesgarse por el bien común, el villano vuelve a ser una abstracción paradójicamente unidimensional) pero con mayor profundidad, menos desgano, que en ediciones anteriores: un cuidado trabajo de guión introduce un renacimiento espiritual “new age” (espíritu sobre materia) que inaugura, justamente, una nueva era del cine de superhéroes, al ampliar las fronteras de lo posible e introducir dimensiones infinitas al hasta ahora sumamente físico y terrenal mundo de los superhéroes.
¿Se terminará perdiendo Marvel en su propio laberinto multimensional? Para evitar excesos y confusión en esta primera entrega de la nueva era, el texto del filme busca aventuras mesuradas y una exposición constante de lo que está ocurriendo, atando con correa el potencial lisérgico del filme que explota sólo en algunos momentos.
Incluso la parte visual, que toma prestado de notorio modo las revoluciones de “Matrix” e “Inception” (aunque al abusar de los efectos animados en computadora, la pieza de Marvel es una experiencia mucho menos física que la de Nolan), por momentos echa mano de los lugares comunes de la lisergia... aunque amplificados por millones de dólares y una de las experiencias más gratificantes del 3D en el cine, terminan componiendo algunos de los momentos de más puro espectáculo que el cine puede comprar.
Un elenco lujoso y convencido de un guión que abandona casi durante todo el filme la solemnidad política de las últimas entregas de “Avengers”, marcada por los héroes dubitativos y “maduros”, convierten a esta muy ambiciosa propuesta para un gigante de la industria (invertir cientos de millones en un superhéroe sin trayectoria cinematográfica para construir una fábula de dimensiones titánicas) en un verdadero viaje que toma por asalto al espectador que va, simplemente, a ver “otra de superhéroes”: “Strange” es otra cosa, aunque, en su tercer acto, termine cometiendo el mismo pecado que sus predecesoras y, en medio de un caos visual menos prolijo por apostar al estruendo, disuelve una historia de alcances interdimensionales con un gag (un gag maravilloso, eso sí) para que la verdadera resolución llegue cuando el resto de los Vengadores estén en pantalla.
MUY BUENA HHHH
Pedro Garay
SUSCRIBITE a esta promo especial