Dal Masetto, en un hermoso cuento titulado Los Tórtolos, de ya hace varios años, describe con ternura y humor los prejuicios que saltan en una familia frente a la noticia traída por la nieta con total naturalidad. La mayor esperanza de vida trae consigo muchas y nuevas situaciones e incide en todos los estratos de la sociedad, la economía, la salud, la educación, la urbanización, y por supuesto la familia, que tantos cambios ha sufrido en las últimas décadas.
Los adultos mayores , con 10, 20 y hasta 30 años más vividos después que se jubilan, tomando la jubilación como una importante línea demarcatoria, quieren vivir esos años y hacerlo con la mayor calidad de vida posible y eso implica que los afectos y el amor forman parte de esa mejor calidad de vida. Muchos llegan en pareja, pareja formada y mantenida con muchos años, otros llegan separados, otros viudos y en ese estar activos e incluidos en la sociedad buscan y a veces encuentran sin buscar, una nueva apuesta al amor.
Pero la sociedad, y dentro de ella los familiares, están todavía tomados por muchos de los prejuicios que con respecto al envejecimiento siguen teniendo vigencia. Se muestra en general con mayor crudeza con las mujeres que eligen formar nueva pareja, con papeles, o sin ellos, ya no importa tanto ese trámite, (en general). Ahí muestra todavía su presencia el machismo. Esa mujer que supo ser la “Santa Madre”, provoca en sus hijos varones mas que en las hijas mujeres un inmediato malestar.
La pregunta que se les hace es “vieja, que necesidad tenes…. a tu edad ¿ te falta algo? Mirá tus nietos… ya te olvidaste de papá?”
Y la señora, que quiere a su familia y a sus nietos, que su matrimonio anterior ya fue, con sus buenas y sus malas, no entiende porque esa pregunta. Ella tiene necesidad de sentirse acompañada, escuchada, atendida, querida, acariciada, mirada otra vez como mujer. Al hombre, y otra vez el machismo, dice presente, se le aceptan más estas decisiones de formar nueva pareja, claro si esto no pone en peligro algún interés económico. Además, y aunque sea antipático decirlo, la mujer, abuela ella, resulta de mucha ayuda en un hogar a la hora de cuidar a los nietos y una nueva situación puede hacer peligrar este apoyo sin duda importante.
El abuelo, en cambio, está acostumbrado más a que lo atiendan y entonces los hijos ven casi un “alivio” en la nueva situación del mayor. La soledad no es una buena compañera en ninguna etapa de la vida, y los nuevos vínculos que hacen los adultos mayores, amistosos, afectivos o amorosos, son fuente de alegría, de mayor vitalidad, de refuerzo a una actitud positiva incluida en el nuevo modelo de envejecer que es el envejecimiento activo. Es importante impulsar una cultura del envejecimiento que promueva el desaprender los prejuicios e incluir al adulto mayor con todos sus derechos. La educación, como siempre, es un buen andamiaje para asimilar e incorporar los cambios. Para concluir , insistimos en que los vínculos afectivos, que no necesariamente significan parejas o amor, son nutrientes para un buen envejecer.
(*) Psiquiatra jubilada, dedicada a la educación de los adultos mayores.
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