Los jugadores del Barcelona, con Lionel Messi incluido, se cruzaron en el aeropuerto de Glasgow con dos niños fánaticos que los esperaban para recibir firmas en sus camisetas. Cuando llegó el turno de la Pulga, unos de los chicos se tomó la cabeza sin poder creerlo. Con alma de ídolo, el 10 paró, firmó el autógrafo y se sacó una selfie.
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