“¿Pero vos qué le decís a la gente cuando la filmás?”
La pregunta vuelve a resonar en los oídos de Néstor Frenkel, por enésima vez, esta vez a causa del estreno en el Festival de Mar del Plata de “Los ganadores”, su nuevo trabajo documental que participa de la Competencia Argentina y donde vuelve a internarse como un etnógrafo en un microuniverso que refleja algo del sistema, del modo en que funciona el mundo.
Y se repite porque como ocurriera, por ejemplo, en “Amateur”, filmada en 2011, Frenkel construye desde una mirada descarnada (aunque con sensibilidad) un retrato incómodo para sus protagonistas al dejar al descubierto un círculo de trabajadores de radio y televisión que crean entregas de premios con el único fin de participar de las ceremonias, fiestas de nueve horas donde se premian un centenar de categorías porque, claro, todos tienen que ser ganadores.
“Los trato como a cualquier persona, les digo la verdad, me presento, les digo quien soy, que quiero filmar un documental”, afirma Frenkel sobre el modo en que aborda a sus sujetos, aunque acepta que “siempre es difícil verse a uno mirado por otro, siempre hay algo de tensión con el que es observado”.
Más aún en este caso, donde la superficie está marcada por un humor que coquetea con el patetismo de las criaturas retratadas, en órbita con lo que ocurriera, por ejemplo, con “El ciudadano ilustre” y su pintura de un pueblo de interior.
Pero el documental de Frenkel propone otra dimensión, una que con el correr de los minutos asoma reveladora a través de las grietas de la risa. Al espectador, como al propio director, le “pasan cosas” ante el despliegue a pulmón de una de estas galas de premiación entre falsas y lúdicas, reflejada en el cuarto final de la película.
“Es gracioso y también no: me pasaron distintas cosas estando ahí. Uno en un primer momento tiene una mirada más irónica, pero como estuve un rato en la fiesta, que duraba siete horas, la mirada fue cambiando. Por eso la escena de la fiesta es tan larga en la película: hay algo que sucede con el tiempo, si uno se entrega empieza a pasar otra cosa, más profunda, que es lo que más me interesó. La parte humorística es solo un estilo para contar algo más: el humor es una constante en mi trabajo y en mi vida. Es la forma que tengo para acercarme a las cosas, y también para alejarme un poco”, explica Frenkel.
¿Qué es ese algo más? “La película podría tratar sobre el éxito, sobre la felicidad, sobre el fetichismo de los objetos, sobre la necesidad de reconocimiento y cariño...”, dice el cineasta, reacio a brindar una clave de lectura definitiva porque “esa es mi conclusión, la película también pretende que el público juegue su juego y saque sus conclusiones”.
Es esa necesidad de reconocimiento lo que hace universal esta historia mínima, reveladora de un modo de ser en el siglo XXI, de la profunda soledad del hombre ante un sistema que lo abruma, lo olvida y los desplaza que iguala a las criaturas de la cinta, de las cuales nos reímos a causa de su patetismo, con la audiencia misma.
“Porque que esté yo parado aquí también es un absurdo, estar en un festival, donde se reparten estatuillas y se compite, también es absurdo. Lo mismo que está pasando acá (en el Festival de Mar del Plata), pasa en la película: el sentido es el mismo, la necesidad de sentirse útil”, opina Frenkel, y cierra: “Y de pasarla bien: en la fiesta me encontré con mucha gente festejando, pasándola bien, gente buscando desaforadamente la felicidad”.
SUSCRIBITE a esta promo especial