Una falla en el sistema que debía medir la rotación de la nave pudo ser el desencadenante del accidente del módulo de aterrizaje Schiaparelli, de la misión ruso-europea Exomars, que el 19 de octubre se estrelló en la superficie de Marte cuando intentaba descender para realizar pruebas científicas, según lo informado ayer por la Agencia Espacial Europea.
La ESA informó en un comunicado que la causa del accidente pudo haber sido “una saturación” de la Unidad de Medición de Inercia (IMU, por sus siglas en inglés) -que mide la velocidad a la que rota el módulo-, que “ocurrió poco después de que se desplegase el paracaídas” a la altura prevista, a 12 kilómetros del suelo.
La saturación provocó que el dispositivo detuviera su medición máxima durante un segundo, “más de lo esperado”, señala el comunicado difundido ayer.
Una vez procesada la información “errónea”, se generó una altitud estimada negativa -por debajo del nivel del suelo-, lo que hizo que el paracaídas y el escudo trasero se desprendiesen de forma prematura y se produjera “una súbita activación del motor de frenado” como si ya hubiese aterrizado, cuando en realidad estaba aún a una altitud de 3,7 kilómetros.
“Es todavía una conclusión muy preliminar de nuestras investigaciones técnicas”, matizó David Parker, director de la ESA especializado en vuelos humanos y exploración robótica, quien consideró que recién en 2017 “se tendrá una visión más completa”, cuando se elabore un informe de un organismo investigador externo.
“De todas formas, hemos aprendido mucho de Schiaparelli. Esta experiencia contribuirá directamente para la segunda misión ExoMars desarrollada junto a nuestros socios internacionales y prevista para 2020”, aseguró.
Schiaparelli formaba parte de la misión Exomars, junto con el Orbitador de Gases Traza (OGT), un satélite que se desprendió del módulo y quedó orbitando alrededor del planeta rojo.
Como probablemente se recuerde, el módulo estaba programado para realizar una secuencia de descenso con el despliegue de un paracaídas y un escudo térmico a entre 11 y 7 kilómetros de la superficie de Marte, seguido de cohetes retropropulsor que se activarían a 1.100 metros del suelo y una caída final desde una altura de 2 metros, con la protección de una estructura deformable.
El director de Gestión del Planetario de La Plata, Diego Bagú, subrayó la dificultad de la maniobra al precisar que en esos seis minutos el módulo debía frenar de los más de 20.000 kilómetros por hora a los que entró en la atmósfera de Marte a casi 0. Por eso iba equipado con “tres sistemas de frenado: primero la fricción térmica, para lo que tenía el escudo térmico. El segundo es el paracaídas, y el tercero son los retrocohetes”. Si bien ya son siete las misiones que lograron descender con éxito sobre Marte, todas corresponden a la NASA y la ExoMars buscaba ser la primera europea.
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