Existe prácticamente unanimidad de opinión en que debe avanzarse en la solución a las distorsiones, que ya prácticamente nadie niega, producidas en el impuesto a las Ganancias de personas físicas. También es sabida la situación de déficit fiscal que heredó el nuevo gobierno y que no ha podido revertir por diversos factores, como son la aplicación de una tenue política de reducción de presión fiscal, la falta de dinamismo de la actividad económica, la reticencia a la baja del gasto público manifestada no sólo en lo que respecta al gasto salarial o asistencial, sino también en los subsidios y las demandas de mayor asistencia o de mayor participación en los ingresos fiscales de las provincias, tanto por sus propias situaciones fiscales, como del hecho de que las reducciones de impuestos nacionales terminan afectándolas vía menores recursos coparticipables.
En este contexto es evidente que queda poco margen real para cambios en los parámetros de cálculo del impuesto a las Ganancias, pero los mismos no pueden seguir postergándose.
Los principales lineamientos que deberían contemplarse para avanzar en la racionalización definitiva del impuesto deben partir de la base de que se trata del gravamen que le da mayor progresividad el sistema tributario argentino, por lo cual no debería reducirse significativamente (incluso debería tender a aumentarse) su participación relativa dentro del esquema impositivo nacional.
Sin embargo esta participación relativa debe lograrse de una manera racional y no fruto de un aumento inequitativo de la presión tributaria como el experimentado por la falta de actualización de los parámetros de cálculo del impuesto. La importancia recaudatoria que ha adquirido en la actualidad (alcanzó los $381.463 millones en 2015, equivalentes al 37% de la recaudación impositiva total) que es estimada en $435.000 millones para el 2016.
De este monto se estima que proviene de empleados dependientes $140.000 millones y de autónomos $80.000 millones, lo que obliga a que toda modificación deba efectuarse en un contexto de responsabilidad fiscal. A modo de ejemplo basta decir que mientras el IVA y el impuesto al cheque han experimentado un incremento nominal del 35% en el año, el impuesto a las Ganancias, sólo registró un crecimiento del 14%. Esta situación por sí sola ya implicó un costo fiscal de aproximadamente $80.000 anuales.
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