Nuevamente ha tomado actualidad el tema del impuesto a las Ganancias que deben afrontar los asalariados como consecuencia del envío de diversos proyectos al Congreso, tendientes a modificar los parámetros de cálculo del tributo.
Según un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) es impropio hablar del impuesto a las Ganancias de asalariados ya que el mismo afecta a todas las personas físicas, sean éstos trabajadores dependientes o independientes, pequeños comerciantes o empresarios, rentistas, etc. Incluso debe remarcarse que han sido los trabajadores independientes (los “autónomos”) los más afectados por las distorsiones acumuladas en los últimos años.
SIN ACTUALIZACION
El gobierno anterior, mediante el ardid de una insuficiente o nula actualización de los parámetros de cálculo del tributo para acompañar el proceso inflacionario, generó un formidable incremento en la tasa efectiva promedio del impuesto, entendiendo por tal el cociente entre el impuesto y el ingreso neto anual. Con esta actitud, bajo el ilusorio argumento de que no se incrementaban los impuestos, se encubría un fenomenal aumento de la presión tributaria que recayó sobre aproximadamente 1,2 millones de trabajadores dependientes y 0,8 millones de trabajadores independientes y cuentapropistas.
Así, se ha producido hasta 2014/2015 un notable crecimiento de la tasa efectiva del impuesto en prácticamente la totalidad de los tramos de ingreso considerados, situación que experimentó una leve mejora en el año 2016 como consecuencia del importante incremento de deducciones dispuesto por el nuevo gobierno. Así por ejemplo un trabajador con un sueldo bruto promedio en 2016 de $ 56.000 mensuales que se haya mantenido constante en términos reales en todo el período pasó de tributar un 6,6% en 2001 al 15,1% en 2014 (es decir un crecimiento de presión tributaria del 130%), obteniendo un leve respiro en 2016, año en el que se estima que terminará tributando un 13,2% de su ingreso.
Además del notable incremento de la presión tributaria, un subproducto de la forma encubierta en que la misma se dispuso, fue que afectó mucho más significativamente a los niveles medios de ingreso que a los niveles altos, produciendo así un notable retroceso en la progresividad del tributo.
Esto es así porque la falta de actualización de los tramos de la escala repercute con mayor énfasis en los tramos bajos y medios de ingresos (que ven que un mismo nivel de ingreso real, representado año a año por un ingreso nominal superior, queda sujeto a alícuotas legales cada vez más altas) que en los contribuyentes de mayor poder adquisitivo, quienes ya tenían gran parte de sus ingresos gravados a la tasa máxima, la cual no se modificó.
Según Iaraf, en el año 2013 (año electoral), cuando la anterior administración nacional advirtió que las distorsiones del impuesto afectarían esferas poblacionales relevantes para su desempeño en las elecciones, dispuso un “parche”, consistente en determinar que los trabajadores dependientes que hasta agosto de 2013 percibieran un sueldo bruto de hasta $15.000 mensuales no pagarían impuesto a las Ganancias cualquiera fuera su ingreso futuro, mientras que para los que superaran ese valor se mantendría tanto el atraso en el ajuste de las deducciones como el congelamiento de los tramos de escala y, en consecuencia, el constante aumento de la presión tributaria. Esta decisión política produjo una verdadera “grieta” entre los trabajadores, ya que o bien no se tributaba, o se tributaban inmediatamente porcentajes notablemente elevados del ingreso personal.
EL CONTEXTO REGIONAL
Si se efectuaba una comparación con los países vecinos se daba la paradoja de que Argentina era (y es, porque la situación se mantiene) el país en el que se estaba exento de tributar ganancias hasta mayores niveles de ingresos, pero inmediatamente en que el contribuyente comenzaba a tributar, era el estado en que el tributo absorbía un mayor porcentaje del ingreso, tal como se muestra en este gráfico correspondiente al año 2015.
Esta irracional medida de política tributaria produjo un perjuicio que va más allá de las distorsiones e inequidades que generaba.
Instaló en la Argentina un debate respecto a si el salario debe pagar o no impuesto a las Ganancias, el cual adquirió gran desarrollo dado la fuerte carga fiscal que el mismo implicaba para todo trabajador que quedara alcanzado en el tributo.
Esta discusión no es relevante en prácticamente ningún país, ya que en la totalidad de los mismos los ingresos de los empleados en relación de dependencia se consideran alcanzados por el impuesto.
En consecuencia el punto de discusión no debiera centrarse en si el salario debe o no estar alcanzado por el impuesto, sino en establecer a partir de qué monto y a qué nivel de alícuota.
En este punto la comparación con los otros países de la región muestra que a nivel de mínimos y deducciones, los trabajadores argentinos no están en desventaja frente al resto; pero si lo están, y fuertemente, en lo que respecta a las alícuotas que los alcanzan.
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