En sus más de 50 años al frente del gobierno cubano, fue amado hasta la veneración por buena parte de su pueblo, que entendió que la revolución contra la dictadura de Fulgencio Batista había llevado a la isla una política de educación, salud y vivienda pública que aún perdura en el régimen socialista instaurado luego del triunfo del 1 de enero de 1959. Pero también, este hombre de personalidad cautivante y eximio orador fue criticado por su política de derechos humanos y por impedir el desarrollo de la libertad de prensa y las libertades individuales en la isla. El hombre que logró gobernar su país con la amenaza constante de Estados Unidos, aun en medio de la desintegración de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, y fue blanco de al menos 638 intentos de asesinato, según estadísticas oficiales, nació el 13 de agosto de 1926 en Birán, entonces provincia de Oriente (actual Holguín), a 700 kilómetros al este de la capital cubana. Hijo de una familia de inmigrantes españoles de clase media dedicados a la producción azucarera, se destacó desde niño por su carisma y su inteligencia. Fue educado por los jesuitas y, según algunos de sus biógrafos, su pasión por el conocimiento lo llevaba a leer un libro por noche.
En 1945 ingresó a la Universidad de La Habana para estudiar Derecho Civil y se graduó como licenciado en Derecho Diplomático. En 1951 se casó con Mirta Díaz Balart, con quien ya había tenido un hijo, Fidel Castro Ruz Balart, en 1949. Sin embargo, la mujer más importante de su vida fue Celia Sánchez, quien permaneció a su lado 23 años.
Aunque son variadas y abarcan distintas épocas de su vida, acaso una anécdota sirva para pintar de cuerpo entero su personalidad: gracias a que todas las cartas que reciben los mandatarios norteamericanos son guardadas en las bibliotecas presidenciales o en el Archivo Nacional de los Estados Unidos, pudo comprobarse que Fidel Castro, con tan sólo 14 años -aunque firmó 12 años en la carta-, fue uno de los cientos de niños que le escribió al entonces presidente de Norteamérica Franklin Delano Roosevelt para mostrarle su apoyo. Con un inglés básico, Castro le deseó suerte y le pidió que le obsequie un billete de 10 dólares, pues no había tenido nunca uno en sus manos. Por supuesto: el dinero nunca le llegó y la carta nadie se la respondió.
•.- Latinoamérica, el escenario de sus grandes amores y odios encarnizados
•.- De “comandante en jefe” a “soldado de las ideas”
•.- Una familia entre grietas y lealtades
•.- Su relación con el Che
•.- Definiciones para la historia
•.- Un encuentro con Fidel en La Plata
•.- Cronología
SUSCRIBITE a esta promo especial