El actual mandatario de Estados Unidos, Barack Obama, dejó para la historia juzgar el “impacto” del legado que dejó el líder revolucionario cubano Fidel Castro.
En un comunicado divulgado por la Casa Blanca, Obama extendió además “una mano de amistad al pueblo cubano” tras la muerte de Castro.
Obama reconoció que la muerte de Castro es, para los cubanos de la isla y de EE UU, un momento de “emociones poderosas”, de recordar “las innumerables formas” que en el líder de la revolución “alteró el curso de vidas individuales, familias y de la nación cubana”.
A su juicio, la relación entre su país y Cuba estuvo marcada durante casi décadas por “profundos desacuerdos políticos”, pero durante su presidencia se ha “trabajado duro para dejar atrás el pasado” con el proceso de normalización bilateral.
El objetivo de esa normalización es perseguir “un futuro en el que la relación entre nuestros dos países se define no por nuestras diferencias, sino por las muchas cosas que compartimos como vecinos y amigos -vínculos de familia, cultura, comercio y una humanidad común”, resumió Obama.
Dentro de ese “compromiso”, Obama destacó las contribuciones de los cubanoestadounidenses, que “han hecho tanto” por EE UU y “se preocupan profundamente por sus seres queridos en Cuba”.
Al ofrecer sus condolencias a la familia de Fidel Castro y al pueblo cubano, Obama señaló que en los próximos días todos ellos “recordarán el pasado y también mirarán hacia el futuro”.
Mientras mira hacia ese futuro, “el pueblo cubano debe saber” que Estados Unidos es “su amigo y socio”, concluyó.
En marzo pasado, Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en ejercicio en visitar Cuba en 88 años y durante su estancia en la isla se reunió con el presidente Raúl Castro, pero no con el fallecido Fidel.
Y en octubre Obama emitió una directiva para tratar de sellar su política de apertura hacia Cuba y hacerla “irreversible”, pero todo está ahora en manos de Trump.
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