Derrocó a un dictador, llevó salud y educación gratuita a su país y enlistó a cubanos en lo que dijo eran luchas por la libertad desde Centroamérica hasta Sudáfrica. Pero Fidel Castro también mantuvo un mando férreo en casa, donde encarceló a disidentes y homosexuales, limitó la libertad de viajar y expresarse, y declaró ilegítima prácticamente a cualquier actividad fuera de su control.
Grupos defensores de los derechos humanos dijeron esperar que, tras la muerte de Castro, su hermano y sucesor, Raúl Castro, se movilice con más rapidez para permitir que los cubanos tengan una mayor libertad de expresión, reunión y otros derechos básicos. Bajo el mando de Raúl Castro, Cuba dejó los encarcelamientos de presos políticos condenados a largas penas y en su lugar se hicieron miles de arrestos breves cada año, lo que según los disidentes es un modo de acosarlos e interrumpir cualquier intento por crear organizaciones políticas. En la actualidad, los isleños se sienten más libres para criticar a su gobierno en público, aunque cualquier intento por protestar o manifestarse es rápidamente anulado. Hay periodistas independientes en la isla, pero les es casi imposible distribuir material impreso y reportan constante acoso por parte de las autoridades.
En los primeros años tras la revolución de 1959 hubo cientos de ejecuciones sumarias a manos de pelotones de fusilamiento, mientras los nuevos líderes de la nación exhortaban a aplicar lo que describían como justicia revolucionaria. Cuba mantiene la pena de muerte por estos pelotones, aunque su uso bajó con los años.
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