Una inusual tranquilidad reinaba ayer en La Habana, donde el habitual bullicio y ajetreo de sus calles ha mutado en una apagada calma mientras en el segundo día de luto nacional, mientras los cubanos empiezan a digerir la pérdida de Fidel Castro, una noticia “muy triste” para la mayoría, consciente de que su figura también genera animadversión entre algunos cubanos, que sin embargo en la isla no se han hecho notar demasiado. A pesar de que una enfermedad lo apartó del poder en 2006 y con los 90 años ya cumplidos en agosto, su fallecimiento, en la noche del viernes pasado, fue una sorpresa para muchos cubanos, acostumbrados a incesantes rumores sobre su muerte que nunca eran verdad. A las banderas a media asta en edificios públicos como parte del duelo nacional durante nueve días, se sumaron las enseñas de la isla que muchos cubanos desempolvaron de los cajones para colgar en sus ventanas y balcones.
SUSCRIBITE a esta promo especial