La cuenta regresiva de las esperas se hace interminable. El tiempo que se habilita para avanzar resulta, en cambio, efímero e insuficiente. En numerosas esquinas con semáforos de la ciudad, llegar al cruce de las avenidas por calles de menor envergadura es una experiencia que demanda, cada vez con mayor frecuencia, calma, reflejos y resignación.
El fenómeno se registra en un puñado de intersecciones, que en horas pico se recargan al punto de demorar una decena de minutos a los coches que quedan encolumnados en largas colas, con sus conductores ansiosos por poner primera y apretar el acelerador.
En esas ocasiones, las críticas y los insultos lanzados al aire tienen como destinaria la “mala sincronización” de los semáforos. Ocurre por ejemplo al llegar por 46 a la diagonal 80, un cruce ancho al que se asignaron apenas nueve segundos. Y al llegar por 55 a diagonal 74, con un lapso similar.
También se pueden encontrar extensas hileras de autos a la espera de la breve luz verde en 11 y diagonal 73, 3 y 44, 16 y diagonal 74, 17 y 58, 14 y 54, 43 y diagonal 73, 61 y 20, y 13 y 54, entre muchos otros lugares; se trata de cruces en los que las calles vecinales, sobre todo cuando se permite el estacionamiento en ambas manos, se convierten en embudos de lento desagote.
“Por razones de trabajo me suele pasar que tome por 46 y diagonal 80 más de una vez por día, porque es la calle para retomar al centro desde 1; y si llego en hora pico es un dolor de muelas” comenta el taxista Esteban Pérez: “la luz te da menos de diez segundos, pero además hay que descontar que siempre por la diagonal pasan un par de autos y micros más una vez que se pone en rojo, así que es menos aún”.
Este tipo de situaciones se replica por todo el “macrocentro” -la porción del casco fundacional local comprendida entre las calles 1, 19, 38 y 60. El imparable crecimiento del parque automotor platense y la saturación de vehículos en las áreas de mayor trajín comercial y administrativo se traduce en que por cada turno de luz verde para cruzar avenidas y diagonales, en el mejor de los casos, pasen apenas tres o cuatro.
En 55 y diagonal 74, a la fugacidad del verde se suman sendos profundos badenes, por lo que los quince segundos disponibles se acotan entre frenadas y conductores que cuidan los amortiguadores; en 3 entre 43 y 44, la circulación de numerosas líneas de autotransporte municipal y provincial, agiganta los embotellamientos.
MAS COMPLICACIONES
Las molestias que ocasionan estos episodios no solo son padecidas por los automovilistas; quienes viven en 43 entre 19 y 20 aseguran que “desde que achicaron la rambla de la diagonal 73 entre 41 y la plaza Azcuénaga, y pusieron un semáforo en 43 y diagonal, nuestra cuadra se puso ‘invivible’; es una cola de autos acelerando o regulando que no se desagota nunca, porque los semáforos son un tapón y todo el sistema está mal sincronizado”.
El año pasado, desde el área de Señalización del municipio se informó que estaban en marcha los estudios para la “readecuación de las frecuencias de semáforos en el circuito céntrico ampliado, de 1 a 19 y de 38 a 60”.
Ese relevamiento tenía como objetivo establecer nuevos parámetros para regular los ordenadores lumínicos de las calles transversales “sin modificar la configuración de la onda verde en las avenidas”.
Habitualmente, estos ajustes se realizan cada cuatro años, luego de diferentes conteos y comparaciones que permiten dibujar la curva temporal de demanda de determinados tramos. Para el transito pasante por diagonales y avenidas, hoy por hoy, los plazos -con o sin onda verde- oscilan entre los 45 a 70 segundos, el triple o el cuádruple de lo que se les asigna a las calles transversales.
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