Joaquín Morales Solá
LA NACION
“Fidel Castro murió en La Habana cuando el castrismo latinoamericano ya había desaparecido, salvo en la nostalgia de personas mayores que habían vivido, medio siglo antes, la ilusión fracasada de una revolución que se convirtió en involución”, dice. Añade luego: “Producto cabal de la Guerra Fría de mediados del siglo XX, Castro fue una pieza de museo en los últimos 27 años, desde la caída del Muro de Berlín en 1989. Hace pocos días cayó el último vestigio de su larga influencia en la región”, dice, en alusión a la firma de un acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la FARC, la guerrilla más antigua de América. Añade que también cambió la política continental: Macri gobierna en lugar de Cristina; Temer, de Dilma Roussef “y hasta Daniel Ortega se hizo capitalista para seguir mandando como un dictador en la pobre Nicaragua”. Alude a la frustrada reforma electoral y sostiene que “el kirchnerismo más cerril en acuerdo con el PJ feudal decidió que el proyecto no llegue al recinto del Senado. Vicarios de Cristina lo atornillaron en las comisiones del cuerpo. ¿Por qué el Gobierno no anunció en su momento la convocatoria a un plebiscito sobre esa reforma? ¿Se hubiera prestado el peronismo a la posibilidad de una segunda derrota consecutiva?”
Mario Wainfeld
PAGINA 12
“Si una persona es despedida antes de la llegada del otoño no podrá exigir la reincorporación. Ninguna norma le otorga ese derecho. Tampoco podría ser compensado con una indemnización doble o agravada: esa contrapartida solo sería válida si estuviera estipulada por ley o convenio colectivo”, dice Wainfeld en su nota en la que alude una “embestida contra las instituciones laborales” como un pilar del gobierno macrista. Añade que “Cambiemos tiene un proyecto político: aspira a fundar un modelo de país en el cual muchas instituciones y derechos deben ser reformados. Las críticas de Macri a los convenios colectivos “del siglo XX” y a la eternización de las cúpulas gremiales son astutas, pues hincan el diente en el desprestigio de la mayoría de los gremialistas. Claro que las referencias históricas de su propuesta son también del siglo XX”. Añade que “la CGT unificada se mueve con pies de plomo, en parte sabiendo que la legitimidad de Macri ante la opinión pública es superior a la de sus popes.
Eduardo van der Kooy
CLARIN
“Mientras estaba enfrascado en desentrañar las razones de la prolongada meseta económica, Macri tomó de nuevo conciencia sobre la fragilidad política de Cambiemos. La alianza oficialista había realizado su relanzamiento hace exactamente un mes. Con sonrisas de ocasión y pocas palabras. El Presidente soñaba con conservar siquiera hasta fin de año esa fotografía. Pero la semana volcánica que tuvo Elisa Carrió sepultó tal ilusión”, dice Van der Kooy. Añade que “la diputada exhumó en la fiesta quinceañera de la Coalición su condición de líder moral. Señaló con nombre y apellido a dos personas a las cuales no piensa conceder ninguna tregua: Daniel Angelici y Ricardo Lorenzetti. El titular de Boca Juniors y amigo de Macri y el mandamás de la Corte Suprema”. La expedición de Carrió “continuó con una denuncia penal contra tres funcionarios del ministerio de Energía”. Destaca que tanto en el Presidente como en el PRO analizan como un dilema la relación con Carrió. El gobierno tampoco ignora la complicación externa, sobre todo con Brasil. Y el condicionamiento de estar en minoría en el Congreso, con una incesante demanda de sindicatos y movimientos sociales. Pero el macrismo, dice, se ha mostrado ducho para sortear tormentas. “Aunque tampoco resulta gratis. Lo revela el fuerte déficit fiscal y la postergación de soluciones para asuntos de fondo”.
Fernando Laborda
LA NACION
“En la semana que pasó, el gobierno de Macri chocó con la dura realidad de los desagradables números de la economía que no se reactiva y con una oposición cada vez menos dispuesta a facilitarle las cosas”, dice Laborda. “Los últimos días revelaron los primeros signos de impotencia y de fastidio en una gestión gubernamental que nadie imaginó sencilla, pero que había venido sorteando los problemas derivados de no ser mayoría en el Congreso”. El Presidente terminó negociando mayores niveles de asistencialismo y acordando el tratamiento de la controvertida ley de emergencia social en las sesiones extraordinarias. “Casi al mismo tiempo, el Gobierno acordó firmar en la mesa del diálogo con sindicalistas y empresarios una declaración que incluye la “intención” de no despedir trabajadores hasta marzo. Una manifestación voluntarista que puede fácilmente sucumbir ante las dificultades económicas y en la que nadie cree”. Añade que “las cifras de un déficit fiscal que se expandió el 183% en octubre respecto del mismo mes del año anterior pusieron en evidencia que el gradualismo para achicar el gasto público se está transformando en inacción, y la promesa de eliminar el impuesto a las ganancias sobre los salarios quedó por ahora en un engaño a sus votantes”.
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