Fue una hora de torturas que Bautista percibió como “mucho más”. Los minutos se estiraban y no parecía haber nada que hiciera irse a los ladrones. Pero de repente llegó gente a la casa que notó que algo ocurría y tocó bocina desde un auto. Recién ahí la banda se fugó. Tanto apuro tenían que se les cayó parte del botín en el parque.
“Yo tenía mucho miedo de que llegara mi mamá y se la agarraran con ella también. Porque si le pegaban como a mí, le rompían la cabeza”, aseguró el joven. Cuando fue asistido por su familia, corrió en auto al hospital de Gonnet: le dieron cuatro puntos por el dedo cortado.
Lógicamente, Bautista se quedó aterrado. No sólo por el pésimo recuerdo sino por las amenazas de los ladrones de que volverían a matarlo a él y a su familia. “Me quiero ir de acá”, lanzó.
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