Si bien el acoso escolar reconoce ciertos límites en cuanto a edad -ya que suele registrarse mayormente entre chicos de 11 a 15 años-, no así entre el tipo de víctimas. “El hostigado puede ser cualquiera: un morocho entre rubios, o un rubio entre morochos; siempre es el diferente”, mencionan desde Bullyng Cero, un equipo especializado en atender esta problemática.
No obstante ello, parecen registrarse ciertas características comunes que llevan al grupo a elegir a su víctima entre algunos “diferentes” antes que en otros. Una de esas características es no tener habilidades sociales. “El más retraído, el más rígido, el que tiene menos capacidad de relacionarse es el que más expuesto está”, señalan.
La vergüenza y el miedo a las represalias hace que muchas veces los padres sean los últimos en enterarse de una posible situación de acoso sufrida por sus hijos en la escuela. Para evitar que esto suceda, quienes trabajan con la problemática del acoso escolar destacan la importancia de saber entender algunas señales de alerta que suelen dar los chicos en casos así.
Entre esas señales las más frecuentes son un cambio repentino en el rendimiento escolar y la pérdida de interés en las actividades extra escolares, pero también los dolores de panza recurrentes al momento de ir a la escuela, manifestaciones de tristeza, llanto o irritabilidad y hasta un inexplicable deterioro del material escolar. Cualquiera sea el caso, lo más importante es tener presente que el bullying no es “cosa de chicos” sino un problema grave con serias consecuencias sobre la salud física y mental.
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