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El “fantasma de los años pares”

Diálogo y sonrisas entre “aliados” ayer en Diputados. En la foto se ve a Monzó y Massot (Cambiemos); Massa, Camaño y Lavagna hijo (Frente Renovador); y Bossio (Bloque Justicialista)

Por Redacción

Por

Mariano Spezzapria

La discusión parlamentaria de proyectos económicos de relevancia, como el Presupuesto para 2017 y la participación privada en la obra pública que propuso el Gobierno, dejó una inquietud flotando en el ambiente político: que el “fantasma de los años pares” no vuelva a precipitar un ajuste de las cuentas públicas, como sucede este 2016, tras los dispendios de un año electoral.

El planteo se escuchó en los pasillos de la Cámara baja y también dentro del recinto. Y aludió a la recurrente tendencia de los poderes ejecutivos argentinos -nacionales, provinciales y municipales- a estirar los presupuestos hasta volverlos laxos en los años de competencia electoral (impares), para luego poner los números en caja en los años pares, con los consecuentes costos sociales.

Según pudo constatar EL DIA, ese temor no fue despejado en el debate del Presupuesto elaborado por la administración de Cambiemos, que en 2017 se jugará una parada clave para su destino político en las elecciones legislativas de mitad de mandato. De hecho, los objetivos de austeridad no aparecen claros en la iniciativa. Y el paquete de endeudamiento externo llama la atención.

Tal vez por eso, la diputada Stolbizer calificó como de “transición” al primer Presupuesto de la gestión macrista, porque a su criterio “carece de visión estratégica” y valida el comportamiento tradicional de la dirigencia política, dominado por un criterio electoralista. Por caso, apuntó que el gasto en el rubro de la publicidad gubernamental triplicará al de organismos como la Sedronar.

Pero más allá de los cuestionamientos, que fueron muchos en una larga sesión, la mayoría de los diputados le otorgaron al Presidente una herramienta vital para la gobernabilidad, como lo es la denominada “ley de leyes”. Esa mayoría estuvo conformada por el interbloque de Cambiemos -PRO+UCR-, el Frente Renovador massista y el Bloque Justicialista que se referencia en Bossio.

El entendimiento de esos espacios políticos sobrevivió al vendaval que se había desatado la semana pasada, cuando Elisa Carrió objetó un acuerdo para reformar el Ministerio Público Fiscal y provocó el enojo del massismo y el peronismo no K, que se vio atrapado en la interna oficialista. “No nos traspasen sus problemas a nosotros”, le habría dicho Sergio Massa a Emilio Monzó.

La ausencia de Carrió, de reposo tras la angioplastía a la que fue sometida tres semanas atrás, facilitó la recomposición de las conversaciones que suelen mantener el PRO, el FR y el BJ, de las que no siempre participan la UCR ni la CC-ARI. Justamente esa falta de consulta a las dos fuerzas socias del macrismo en Cambiemos es la que provoca cortocircuitos internos en el oficialismo.

Ayer unos minutos antes de comenzar la sesión, hubo un encuentro espontáneo entre varios de los dirigentes cuya actitud dialoguista explica la performance de este año en la Cámara de Diputados (foto), entre ellos el propio Monzó, Massa, Bossio, Nicolás Massot y Marco Lavagna. Los últimos tres, junto a Laspina (PRO), fueron los responsables de negociar el Presupuesto 2017.

Ese mismo grupo motorizó la aprobación, frustrada la semana pasada, de la ley de Participación Público-Privada (PPP), que reclamó el Ejecutivo al Congreso para agilizar la obra pública con un sistema que hace años se utiliza en la ciudad de Buenos Aires, que facilita la apertura a empresas extranjeras. Esa votación terminó con 151 sufragios a favor, 79 en contra y seis abstenciones.

“La ley salió con más controles, para que los contratos de hoy no sean los Lázaro Báez de mañana”, deslizó Massa en el salón de los Pasos Perdidos. El jefe del Frente Renovador también anunció allí que su bloque se opondría a la inclusión de una partida del Presupuesto para pagar las dietas de los diputados del Parlasur. “No vamos a financiar la beca de Milagro Sala”, advirtió.

Sobre las dietas se registró ayer un capítulo aparte: en el bloque oficialista no cayeron nada bien las declaraciones del presidente Macri en la que exhortó a los diputados y senadores a “no pasarse de largo” con el aumento de sus sueldos. El traspié de Cambiemos fue aprovechado especialmente por los bloques de izquierda. “No al dietazo”, se podía leer en un cartel sobre la banca de Pitrola.

El kirchnerismo, en tanto, tuvo una participación más deslucida, que adquirió énfasis cuando la diputada Di Tullio denunció que fue golpeada por la Policía en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, tras la declaración indagatoria de Cristina Kirchner. Y las críticas de Kicillof, quien dijo que el nuevo régimen de obra pública es “un cocoliche”, no resistieron el archivo de la era K.

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