La NASA desarrolló un audaz plan para poder buscar fósiles en Marte
| 5 de Noviembre de 2016 | 23:42
Especial para EL DIA
de National Geographic
Hace casi 4.000 millones de años, cuando nacía la Tierra, Marte se asfixiaba. La densa atmósfera que había calentado al Planeta Rojo se escurría al espacio, y las bajísimas temperaturas congelaban lagos y ríos marcianos, convirtiendo una superficie húmeda en un páramo seco.
Pero es posible que haya habido vida en esos primeros tiempos. Y pronto, un robot de la NASA llegará a Marte con el objetivo de recolectar muestras de roca que puedan contener fósiles antiguos, lo que quizás ayude a responder una de las preguntas más fundamentales de la humanidad: ¿estamos solos en el universo?
El robot de última generación Mars 2020 transportará un sofisticado laboratorio de geología diseñado para buscar señales de bacterias y algas unicelulares que probablemente sean los habitantes más antiguos del planeta.
Para acotar la búsqueda se emplearán instrumentos muy sensibles que detectan minerales y moléculas segregadas por antiguos organismos vivos. La NASA ya ubicó los lugares más prometedores, entre ellos el lecho de un lago seco y respiraderos hidrotermales.
El robot tiene una capacidad de desplazamiento limitada así que será fundamental encontrar un buen sitio de búsqueda. Lo bueno es que a diferencia de la Tierra, que es sísmicamente activa, Marte es en su totalidad un fósil impecablemente conservado.
Aproximadamente la mitad de la superficie marciana contiene rocas intactas que datan de esos primeros mil millones de años de la formación del planeta y que resultan cruciales. A diferencia de lo que sucedió con el meteorito marciano ALH84001 que cayó a la Tierra hace 13.000 años, el Mars 2020 traerá rocas selectivamente elegidas en base a cualidades que les permitirían preservar restos identificables de vida marciana.
Así, los cazadores de fósiles del Mars 2020 buscarán chert y sílice, dos tipos de minerales que, en la Tierra, son ideales para enterrar y preservar material biológico. Los depósitos de minerales de arcilla también son buscados por los geólogos porque su presencia implica que alguna vez hubo mucha agua estancada durante un largo tiempo.
En 2008, el explorador Spirit tomó imágenes de inusuales formaciones de silicio con forma de coliflor en el cráter marciano Gusev con el raro aspecto de los objetos esculpidos por bacterias que viven en las fuentes termales terrestres. Los estromatolitos son otro tipo de formaciones que delatan la existencia de vida. En la Tierra, estas rocas son creadas en aguas someras por colonias de bacterias delgadas como una oblea cuyos organismos se mantienen juntos gracias a una sustancia mucosa. Las capas se acumulan gradualmente cuando los microorganismos repetidamente se abren camino hacia arriba a través del sedimento.
En agosto, un equipo de geólogos anunció el descubrimiento en Groenlandia de un estromatolito de 3.700 millones de años, que sería el fósil terrestre más viejo.
El explorador identificará potenciales estromatolitos marcianos examinando la textura de la roca, el tamaño de los granos individuales y la distribución de los compuestos orgánicos.
Para buscar señales de vida, el lema de la NASA es “seguir al agua”. Y ha detectado regiones del Planeta Rojo en las que podría haber vida microbiana moderna, como en agua salada líquida que periódicamente fluye en ciertas paredes de cráteres. Pero explorar estas regiones es un desafío a la exploración planetaria dado que las naves espaciales nunca están totalmente libres de microbios que pueden contaminarlas e interferir en la búsqueda de vida.
El explorador Mars 2020 explorará áreas en las que alguna vez existió agua. Los sitios más promisorios tienen formaciones de rocas de 4.100 millones a 3.700 millones de años. Durante esta era marciana hubo erupciones volcánicas que arrojaron ceniza y gases a la atmósfera, atrapando el calor solar y calentando al planeta rojo. Es probable que haya habido agua tanto arriba como debajo de la superficie. Este período también coincidió con una época en que los planetas más cercanos al sol eran golpeados por cometas y asteroides. Estas salvas cósmicas contribuyeron a crear condiciones favorables para la vida. Los potentes impactos llevaron más agua a la superficie y desenterraron minerales con propiedades químicas únicas. En algunos casos, el bombardeo creó grietas y generó mucho calor, formando chimeneas termales que muchos creen fueron laboratorios naturales para combinar los compuestos orgánicos que dieron paso a la vida. Con esas ideas en mente, la NASA está evaluando ocho sitios que en algún momento pudieron estar habitados, para que allí desembarque el explorador 2020.
Jack Mustard, un científico de la Universidad Brown consultado por la NASA para esta misión de búsqueda de fósiles, no se inclina por explorar los ambientes lacustres. Prefiere concentrar la búsqueda en sitios donde alguna vez hubo chimeneas termales. “Fue preciso tener fotosíntesis y otras innovaciones evolutivas para generar la biología que preservó la vida en los lagos de la Tierra”, explica. “Y si eso no pasó nunca en Marte?” En su opinión, es mucho más probable encontrar vida que haya sido mantenida por la energía producida en las fuentes hidrotermales ricas en minerales.
Los instrumentos abordo del explorador Mars 2020 lograrán identificar muestras de rocas que podrían contener fósiles, pero el explorador no podrá verificar su existencia. Eso se hará cuando las rocas vuelvan a la Tierra, en una futura expedición humana o en una misión robótica para recuperar muestras. Una vez con las muestras en la Tierra, los geólogos podrán buscar fósiles mediante los equipos más avanzados a su disposición.
Como es norma en los estudios de fósiles antiguos, costará probar que las formaciones rocosas tienen un origen biológico y no geológico. Y quienes investiguen las rocas marcianas deberán enfrentar la dificultad sin precedentes de examinar rocas que pueden contener signos de vida que en nada se parecen a lo visto en la Tierra.
“Podríamos encontrar formas de vida que hayan existido con una bioquímica diferente. Si las tuviéramos delante, esperemos reconocer algún aspecto organizativo que nos indique que no se trata de un proceso geológico”, finalizó Mustard.
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