Cansado de ser etiquetado desde hace una década como “el nuevo Hayao Miyazaki”, etiqueta usual para los cineastas japoneses de animación más celebrados de la nueva generación, el director nipón de anime Mamoru Hosoda reivindica la singular mirada con la que trata de desentrañar los misterios del paso de la infancia a la madurez.
Un mundo paralelo de bestias que convive con la realidad humana, un romance entre una universitaria y un hombre lobo o una novela de Yasutaka Tsuitsui sobre una estudiante de secundaria que viaja en el tiempo. Cualquier premisa fantástica es buena para que Hosoda (Toyama, 1967) explore este viaje existencial que tanto le intriga.
Así lo ha hecho en las cuatro singulares y conmovedoras películas - “La chica que saltaba a través del tiempo” (“The girl who leapt through time”, 2006), “Summer wars” (2009), “Los niños lobo” (”Wolf children”, 2012) y “El niño y la bestia” (”The boy and the beast”, 2015)- que ha dirigido después de haber pasado 14 años como animador y después realizador en la prestigiosa factoría Toei.
Este último filme fue el primero en llegar a la pantalla grande argentina (se estrenó este año) y, ahora, puede verse por Netflix, una plataforma que ha apostado de manera fuerte al anime.
Se trata de la última entrega en una serie de películas que han sido adoradas tanto por la crítica como por la audiencia, como reveló la retrospectiva que protagonizó Hosoda en el Festival de Cine de Tokio (TIFF), que terminó el jueves pasado.
Allí, Hosoda cuestionó que el suyo sea un cine, como se ha insistido en varias ocasiones, “centrado en la figura de la familia”. “Para mi, la familia no es tanto el tema sino el escenario. Lo que me intriga es cómo un ser humano cambia y evoluciona. El paso del niño al adulto es muy simbólico. Ese el tema que me interesa y que intento materializar en mis películas. Sucede que el medio en el que suele crecer un niño es la familia”, matizó.
PROYECTO PERSONAL
De cualquier manera, su nuevo proyecto, del que solo ha querido revelar que será una historia sobre hermanos, vuelve a girar sobre lazos familiares y tocará de nuevo un tema que ya aparecía en su muy personal y emotiva “Los niños lobo”.
Hosoda contó poco de su nuevo largometraje, más allá del hecho de que volverá a firmar el libreto en solitario -al igual que ya sucedió con “El niño y la bestia”- en vez de trabajar codo con codo con la guionista Satoko Okudera como en sus tres primeros largometrajes.
“Está basado en una experiencia personal y por eso quiero hacerlo por mi cuenta”, justificó de manera escueta y luciendo una cálida sonrisa que rara vez abandona su rostro durante toda la entrevista.
Sin embargo, y de manera aparentemente tangencial, el cineasta comenzó a hablar a continuación sobre dos hermanos, en este caso sus hijos de 4 años y 10 meses de edad.
Si la historia de su madre fue la principal inspiración para “Los niños lobo”, es fácil imaginarse que sus dos pequeños podrían serlo perfectamente para esta próxima cinta. Sobre todo cuando comienza a reflexionar sobre su recién iniciada travesía por la vida.
“Al ver a mis dos hijos pienso: ‘se comportan como animales, como bestias’. Y los veo como estos seres que están en transición, a medio camino entre ese mundo más animal y salvaje y el mundo de los humanos”, confiesa.
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