Veranos cada vez más calurosos, lluvias que se hacen torrenciales y que acumulan milímetros de agua que baten todos los récords y un invierno cuyas bajas temperaturas y fuertes vientos se extendieron hasta casi desdibujar la primavera actual, son algunos de los factores que llevan a muchos especialistas en clima -e incluso al vecino de a pie- a preguntarse sobre el futuro climático para los próximos meses: ¿qué verano nos espera en la región?
Si bien no existe una única respuesta y las variables son tantas como tantas los meteorólogos que opinan sobre la cuestión, existe un consenso generalizado sobre algunos aspectos que tienen que ver con el aumento de la temperatura y la humedad y, por lo tanto, con lluvias que serán más intensas que lo habitual. “Los platenses hemos experimentado el cambio climático en primera persona -sostiene Horacio de Belaustegui, presidente de la Fundacion Biosfera-. Hay vientos más fuertes y vemos la aparición de pequeños tornados, todos fenómenos que nosotros anticipamos hace ya tiempo. Por eso no tengo duda de que este verano vendrá con olas de calor más intensas y con lluvias que se precipitarán de manera torrencial”.
Debido a la compleja interacción de factores que dominan el clima de nuestro continente, los expertos sostienen que debe esperarse una sucesión de escenarios contrapuestos, que se irán sucediendo a lo largo de la temporada y que se irán anunciando sólo con algunas semanas de anticipación.
“Por el momento esperamos un verano neutro”, apuntaron voceros del Servicio Meteorológico Nacional, quienes si bien atribuyen el análisis a que este año no se experimentará el fenómeno de El Niño, también precisaron que “por el momento no puede descartarse que se forme una Niña, algo que podría cambiar las variables y modificar sustancialmente el escenario climatológico previsto”.
El IPCC, Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, evalúa por estos días miles de trabajos científicos sobre los riesgos que implica densificar nuestra atmósfera, algo que tiene consecuencias directas en el clima nuestro de cada día. En estas condiciones, se apunta, es un poco inmanejable pretender aumentar como máximo 1,5 grados centígrados la temperatura promedio de nuestro planeta en los próximos cien años. El problema es que, pasando estos valores, pondríamos a nuestro hábitat con mayores chances de sufrir grandes catástrofes.
La semana que comienza se realizará en Marruecos la Convención Marco de Naciones Unidas en donde el Acuerdo de París -que trata sobre medidas para la reducción de las emisiones de gases del Efecto Invernadero y que acaba de entrar en vigencia-, posibilitará a los diferentes países implementar una nueva agenda que permita la pronta implementación de estas recomendaciones.
Para Beláustegui, que participará del encuentro marroquí, “necesitamos trabajar en un plan de resiliencia regional cuanto antes para afrontar las acciones de cambio climático de una manera interdisciplinaria, de tal manera que involucre todas las áreas sociales”.
Según su visión, este panorama global hace que resulte muy difícil pensar en un verano apacible, donde las lluvias sean infrecuentes y los vientos no se desaten con ferocidad. Para quienes trabajan en la Fundación Biósfera, lo alertan desde hace ya tiempo, el clima se está haciendo mucho más hostil y este verano -cuyas previsiones en el Servicio Meteorológico Nacional alcanzan hasta los primeros días de febrero- no tiene por qué ser la excepción.
Lo que opina Beláustegui y su equipo, de hecho, entra en sintonía con la mirada que tienen en el Centro Argentino de Meteorólogos, donde sus especialistas explican que el cambio climático “genera que todo se vuelva extremo, tanto calor como frío; las tormentas son más severas, al no disminuir la temperatura en la noche son más severas y las nubes están más altas y con mayor probabilidad de tormentas eléctricas”.
Si bien desde esa entidad se apunta que “no se puede decir que nos vamos a convertir en un clima subtropical porque hablar del clima siempre es una cuestión a largo plazo”, algunos meteorólogos creen que el verano que se avecina para la región será una época donde sean frecuentes las tormentas eléctricas, con rayos y relámpagos más intensos porque las nubes están más altas y con diferencias de cargas.
Estas proyecciones no son infundadas: las temperaturas medias mundiales de los seis primeros meses del año, de hecho, han vuelto a batir nuevas marcas, lo que implica que 2016 va camino de convertirse en el año más caluroso jamás registrado, de acuerdo a un estudio realizado por la Organización Meteorológica Mundial.
El organismo, suerte de brazo científico de Naciones Unidas y autoridad mundial en cuestiones relacionadas al clima, señaló que la temperatura media del primer semestre de este año estuvo 1,3 grados centígrados por encima de la media de la era preindustrial, a finales del siglo XIX. Además, reveló que los niveles de dióxido de carbono -uno de los factores causantes del cambio climático- también rompieron récords entre enero y junio de 2016, al superar la barrera simbólica de 400 partes por millón.
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