En 503 entre 8 y 9, ya hace mucho tiempo, Leandro González fue reuniendo algunas señales (gusto raro, demasiado salado, aunque en esa casa se usaba el sistema de filtrado, en el agua de las canillas; mucho sarro en la pava) hasta que se enteró, por la movida de sus vecinos, que no era apta para el consumo. “Estoy preocupado, claro, pero tengo dudas de que vaya a haber una solución y si la hay va a tardar años en llegar”, comentó, escéptico, el joven que concurre habitualmente al Centro Comunal de Gonnet para retirar los bidones de agua con los que él y su familia se arreglan cotidianamente. “Sino tendríamos que gastar más de 200 pesos por semana, sería carísimo”, añadió.
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