El conflicto que arrancó el 17 de octubre todavía busca una salida definitiva. La línea de micros Este volvió a operar pero da la sensación de que, muy al estilo argentino, la solución parece atada con alambre.
La empresa no ha logrado volver a operar con normalidad. Sigue sin poder utilizar su terminal de la zona sur de la Ciudad ubicada en el paraje La Hermosura, sobre la ruta 11. No se trata simplemente de una cuestión de lugares: los recorridos se han acotado y lo sufren cientos de vecinos de El Palihue y Villa Montoro que dependen de ellos.
La cuestión sigue siendo provisoria. Su grado de precariedad lo grafica con contundencia el testimonio de una vecina que el viernes no podía creer lo que sucedía arriba del micro. El chofer no conocía los recorridos porque habitualmente cubría el servicio en la línea 307. Los propios pasajeros debieron guiarlo para poder ubicarse y llegar mínimamente a las paradas previstas.
Esta cuestión se repite mientras el municipio y la Provincia dieron por concluido el conflicto, al igual que la empresa. Los reclamos de un grupo de choferes por los cinco despedidos continúa. Peor aún: la prestación del servicio, pese a los anuncio de la “inexistencia” de una controversia laboral, persiste afectando a miles de platenses.
Por estas horas, pese a todos esos inconvenientes, la tensión parece ceder luego de que el martes por la noche miles de platenses y vecinos de Berisso y Ensenada quedaran a merced de su propia suerte.
Ese día, luego de una serie de incidentes protagonizados por un sector afín a los choferes despedidos de la línea Este, bajaron de micros de otras líneas a conductores y pasajeros en la zona de 7 y 50.
La UTA dispuso un paro en rechazo a esa falta de seguridad que no sólo dejó de a pie a los usuarios: reveló de manera grosera la falta de reflejos en materia de seguridad del municipio y de la Policía para desplegar un operativo que garantizara nada menos que un servicio esencial como el transporte.
Esa noche miles de vecinos sufrieron la increíble inacción del Estado frente a un grupo violento. La Ciudad mutó hacia la fisonomía de un ámbito hostil y al mismo tiempo desolado.
Platenses que preguntaban desorientados qué pasaba con los micros. Otros se reunían para poner proa a su destino de a pie y entregados a su suerte. La escenografía ciudadana se hacía incluso más desoladora con muchas calles a oscuras, sin transporte ni móviles policiales a la vista. Todo, en una noche de desconcierto.
Ahora la Municipalidad busca avanzar hacia una normalización. Le cedió un predio a la empresa para que sus micros utilicen como cabecera la zona de 44 entre 1 y 116. La improvisación duró poco: hubo quejas de vecinos, de padres de una escuela de la zona y final para ese parador. Ahora los micros de la Este empezaron a salir desde un sector aledaño al Mercado Regional en 117 y 520 hasta que la situación de la terminal original vuelva a la normalidad.
Mientras tanto, la calidad del servicio de agua que presta ABSA volvió a quedar bajo la lupa. Siguen las quejas vecinales en barrios de la zona norte que se extienden a otras área de la ciudad en busca de una prestación de calidad, acorde a los últimos aumentos de tarifa que le autorizaron a la empresa estatal.
El verano viene asomando y los platenses conocen la historia de memoria: la falta de agua se asocia, impiadosa, al agobio del calor.
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