El ataque a un local partidario y la filtración de un audio llamaron la atención de propios y extraños en los últimos días, porque detrás de ambos episodios se rastreó la mano de grupos relacionados al espionaje. El primer hecho tuvo lugar en la sede de Tupac Amaru en la Capital, donde tres personas irrumpieron con armas y amenazaron a los militantes para que se “dejen de joder con Milagro Sala”. El segundo hecho fue un mensaje atribuido falsamente a la ministra Stanley en el que se decía que la gobernadora Vidal “no está muy firme” ante la presión de los “abortistas”. En ninguno de los dos casos quedó claro qué sectores pudieron pergeñar esas burdas operaciones.
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