Si bien el miedo a convertirse víctima de un delito está relacionado con la cantidad de hechos delictivos o violentos que ocurren alrededor nuestro, las investigaciones muestran que no existe una correspondencia directa entre ellos. Por eso es que a pesar de que la estadísticas marcan un leve descenso en la inseguridad objetiva en el último año, la percepción no refleja eso. Y es que la sensación de inseguridad está condicionada también por otros factores, como son la confianza en la instituciones que deberían protegernos y el contexto socioambiental en que vivimos: un barrio que pierde iluminación, deja de ver pasar a la patrullero o cae en el deterioro es de por sí un factor que aumentan la sensación de vulnerabilidad.
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