Las presiones de la vida cotidiana y el ajetreo que puede suponer atender las distintas áreas: trabajo, familia, amigos, trámites, salud, quehaceres domésticos, proyectos personales, gimnasio y redes sociales, entre otras cuestiones que pueden sumarse, muchas veces termina por generar una suerte de hecatombe física y mental que torna evidente la necesidad de “parar”.
La dinámica estresante de la vida diaria suele venir aparejada de síntomas como contracturas, estrés, cansancio extremo, problemas digestivos, malestares físicos y fastidio, entre otros. Frente a este panorama, cada vez son más los médicos de distintas especialidades que recomiendan la práctica de Yoga como una vía para distender los músculos y relajar.
La apertura mental que suele caracterizar a las nuevas generaciones va barriendo con los prejuicios sexistas que recaían sobre la práctica. Actualmente muchos varones la consideren una posibilidad para mirar hacia adentro y abstraerse durante un rato del mundo exterior.
Hace veinte años atrás, en Argentina, la mayoría de los practicantes tenían entre 40 y 50 años. En ese entonces costaba mucho encontrar una variante al yoga tradicional, que implica una práctica suave, relajante y terapéutica.
De la mano al ingreso masivo de jóvenes a la práctica, se abrió un abanico con distintas variantes que incluyen propuestas más dinámicas, exigentes y acrobáticas.
“En los ‘90, cuando se empezó a conocer, era considerada una actividad de ‘viejas’, muy laxa, quieta. Después empezaron a aparecer otras variantes y se fueron sumando cada vez más hombres”, dice la profesora de yoga Gabriela Gaddi.
Si bien va ganando cada vez más popularidad, Gaddi considera que en el país “sigue siendo algo nuevo” dado que todavía muchos la relacionan únicamente con el Hatha yoga, que es la versión más tranquila. “Además, mucha gente no entiende cuál es el objetivo principal de la práctica y se queda meramente con lo físico. Pero la palabra Yoga significa hacer consciente la unión de cuerpo, mente y espíritu”, sostiene.
Al contrario de lo que ocurre en la India -dónde nace la actividad-, en Argentina fueron las mujeres las primeras en engancharse con la práctica. “Allá sólo practican las esposas, hijas o sobrinas de algún gran maestro”, cuenta Sonia Sasia, profesora de Yoga desde hace 30 años.
Para Sasia, los medios de comunicación y los videos que circulan en redes sociales como YouTube cumplen un rol fundamental en la difusión de los diferentes tipos de yoga y ayudan romper con los falsos mitos.
“Que artistas como Madonna, Sting, muestren su práctica a través de videoclips ayuda a que tanto varones como mujeres jóvenes se interesen en la ciencia milenaria. Además ahora hay libros, videos y conferencias, todo al alcance de la mano”, dice Sasia.
La mayoría de los jóvenes llegan a Yoga buscando calmar algún dolor físico, para bajar los niveles de estrés o para conectarse con ellos mismos. Muchos la consideran un complemento ideal a otras actividades fuertes como las artes marciales o CrossFit.
“Saben que pueden paliar las tensiones de la vida cotidiana a través de la meditación. Otros vienen porque están depresivos y quieren evitar la medicación”, comenta Sasia.
“Empecé a practicar yoga para corregir la postura de la espalda y mejorar la flexibilidad. Con el tiempo descubrí que también había encontrado un espacio para relajarme y despejarme”, cuenta Federico Wallraf (29).
Ashtanga Vinyasa Yoga es una de las variantes que más seduce a los jóvenes porque implica posturas más acrobáticas.
“Lo importante no es que te salga la postura, sino estar presente durante la práctica y prestar atención a lo interiormente desata”, afirma Gaddi.
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