Por
Irene Bianchi
“El Sol Quieto”, de Omar Sánchez. Actúan: Jerónimo Búffalo, Ana Alba, Alejandro Santucci, Magali Ventimiglia, César Benítez, Esteban Trindade, Carolina Sueta. Diseño de vestuario: Analía Seghezza. Diseño de luces: Federico Genovés. Diseño de maquillaje: Ana Sargentoni. Asistencia técnica y operación de luces: Esteban Benítez. Realización escenográfica: Pablo Medina. Fotografía: Fermín Epele. Registro audiovisual: Federico Bongiorno. Ilustración: Rosal de aquí. Asesoramiento técnico en montaje de altura: Esteban Trindade. Edición musical: Alejandro Santucci. Producción ejecutiva: César Benítez. Producción general: La Bestia Escénica. Dirección: Omar Sánchez. Centro Cultural El Escudo, calle 10 entre 60 y 61. Nuevas funciones: viernes 11, 18 y 25 de noviembre a las 22.
Hay lecturas que vienen a la memoria tras ver “El sol quieto”, inquietante propuesta de Omar Sánchez. Libros premonitorios como “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley; “1984”, de George Orwell, “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury. Autores que ya a mediados del siglo pasado anticipaban la imparable deshumanización que se iba gestando sin prisa y sin pausa, e imaginaban una sociedad compuesta por ciudadanos controlados, vigilados, domesticados, cuyo principal rol era ser funcionales a la maquinaria del Estado, mantener los engranajes de producción aceitados, sin oponer resistencia ni obstaculizar al Establishment.
Ese es el panorama de “El sol quieto”: personajes presos de un sistema perverso, que literalmente los fumiga, los “normaliza”, y los lobotomiza para que pierdan todo indicio de creatividad y no osen rebelarse contra las normas establecidas. Zombies, robots obedientes, sumisos, incapaces de establecer vínculos afectivos, repitiendo como loros la información de los medios hegemónicos, sin discernimiento, sin actitud crítica, sin pensamiento propio.
Impresionante el despliegue físico de estos actores y actrices, en una puesta con una coreografía muy precisa, por momentos acrobática. Esto habla a las claras de un largo, riguroso y exhaustivo entrenamiento. Son cuerpos que hablan más elocuentemente que las palabras. Cuerpos hambreados, desamorados, desconectados, desesperanzados. Cuerpos sin alma.
“El sol quieto”, reza la gacetilla, se refiere a un período en que el sol se encuentra en una especie de letargo o receso, sin sus manchas características, que abarcará 36 meses, y generará cambios insólitos en la Tierra
El clima nihilista y desolador de la pieza escrita y dirigida por Omar Sánchez, es matizado por oportunos toques de humor que distienden y provocan risas francas. Un acierto de esta puesta onírica, cual pesadilla recurrente, en la que se plasma una visión oscura sobre el mundo posmoderno en el que vivimos o apenas sobrevivimos.
“El sol quieto”: descarnada y apocalíptica lectura de la realidad.
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