Alambrados con base de hormigón, perros guardianes, cámaras de seguridad, pinches en las medianeras y hasta plantas ubicadas estratégicamente. Todo puede servir para hacer desistir a los ladrones, pero en Villa Castells parece que nada alcanza: ayer vulneraron una propiedad un par de jóvenes que serían vecinos de sus víctimas. El caso es uno más dentro de una larga cadena de episodios que no encuentra final.
Esta vez entraron en una casa en la zona de las calles 2 y 500, aunque para alcanzarla los delincuentes primero se filtraron por el domicilio de al lado. En ese inmueble, que ya fue intrusado unas diez veces, cuenta con toda una gama de medidas de prevención, que sin embargo no alcanzaron.
El par de ladrones cortó con una pinza el alambrado perimetral de esa vivienda para luego hacer lo mismo a pocos metros y llegar hasta la casa vecina. Sucedió poco después de las 3 de la madrugada, cuando nadie los veía. Uno de los dos se quedó esperando en la esquina haciendo de “campana”.
Con la misma herramienta en la mano, el sujeto que ingresó a la casa corrió una planta pinchuda: “La plantamos ahí a propósito, hoy los arquitectos tienen que pensar también en eso”, dijo el dueño con un toque de ironía.
El intruso fue hasta la casa que había elegido de antemano y revisó el patio trasero. Lo único que se llevó fue una bicicleta aparentemente valiosa. Si no sustrajo más elementos fue porque no había más.
“no les importa nada”
Algo curioso se dio cuando el ladrón estaba listo para irse. Cargó sobre su espalda el rodado y le pidió a su compañero que le allanara el camino. Justo en ese momento uno de los dos se da cuenta de que una cámara de seguridad estaba registrando cada movimiento.
En efecto, a la mañana siguiente el dueño de esa casa vio cómo había sido todo y le facilitó la grabación a su vecino víctima del robo. “Pareciera que no les importa nada, porque de todas maneras se fueron con la bicicleta después de haber estado como 15 minutos al lado”, opinó el hombre, que pidió mantener su identidad en reserva.
Para él, la cuestión no es nueva: “A mí me volvieron loco. En cinco años me entraron diez veces, la mitad mientras estaba en obra, que me robaban herramientas y casi siempre durante la noche. Esto pasó siempre”, continuó.
Las medidas de prevención disuasivas incluyen también letreros en la calle que avisan que los vecinos están en “alerta”. No es sólo un mensaje sino algo que tiene su asidero. Por ejemplo, un grupo de WhatsApp es la vía que usan para avisarse entre ellos cada vez que ocurre algo. Lo mismo pasa por un grupo de Facebook en el que se comunican las novedades sobre el tema. El video de este último robo trascendió mediante esa red.
A 20 metros de donde sucedió este caso, la semana pasada ocurrió algo similar en otra casa. Ni siquiera Gustavo, el dueño, sabe por dónde entraron los ladrones, ni cómo hicieron para salvarse del ovejero alemán que custodia el patio.
“No me di cuenta en el momento, sino cuando vi las cosas que me faltaban, que eran varias herramientas pesadas”, relató el hombre, quien también coincidió en que nada parece amilanar a los ladrones.
Sobre todo, teniendo en cuenta otro diagnóstico que repiten una y otra vez en Villa Castells: los delincuentes son del barrio, viven a metros de la gente a la que eligen robar y se salen con la suya gracias a actuar cuando nadie los detecta.
En este marco, los reclamos por mayor respuesta policial siguen más vigentes que nunca.
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