Nadie recuerda en Estados Unidos un proceso electoral tan agitado y agresivo como el que culmina hoy. Donald Trump canalizó la protesta de los más diversos sectores entre los que se alinean los obreros industriales que han visto disminuir la cantidad de empleos por el avance de la tecnología y la globalización. La desocupación hoy es menor al 5%, pero sin embargo se sienten las dificultades para reacomodar en el área de servicios a quienes trabajaban en las factorías. También Trump suma adhesiones entre los que se niegan a aceptar los salarios menores que reciben por su calidad de aprendices en lo que respecta a las tecnologías.
Otro tema es la oposición al acuerdo comercial con México y Canadá que según los disconformes produjo el traslado de industrias norteamericanas a México, sin reparar que ello ha permitido que, por ejemplo, las autopartistas que requieren menos tecnología se instalaran al Sur del Río Grande logrando que las ensambladoras norteamericanas ganaran en competitividad y que las automotrices como General Motors, Ford y Chrysler salieran de una desastrosa situación que hizo eclosión en el 2008 con la crisis financiera.
Lo cierto es que tanto Trump como Hillary sobrellevan la opinión negativa de más del 50 % de los posible votantes
Otro factor que se supone beneficia al candidato republicano es la disconformidad de la clase media por la carga impositiva. Trump logró canalizarlo a su favor. Lo mismo ocurrió, al parecer, con el sentimiento xenofóbo de muchos en relación a los hispanos, los asiáticos o los musulmanes, convertido casi en caballito de batalla de la campaña del hipermillonario que supo explotar, además, el temor frente a un mundo cuyas condiciones económicas y sociales se modifican aceleradamente.
Lo cierto es que tanto Trump como Hillary Clinton sobrellevan la opinión negativa de más de un 50 % de los posibles votantes.
Hillary, que siempre fue considerada de centro izquierda, ahora parece representar la aceptación del statu quo y logra el apoyo de las minorías agredidas y también de un alto porcentaje del padrón femenino ofendido por los dislates de Trump.
La ex primera dama ha sido partidaria del NAFTA, de la revolución tecnológica y cree que los multimillonarios deben pagar más en impuestos en los Estados Unidos a pesar de lo cual tiene el apoyo de varios de los hombres de ese mundo como Bill Gates, de Microsoft, el empresario George Soros o el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg.
Para disgusto de los grupos religiosos Clinton se ha pronunciado a favor del aborto y ha consolidado el apoyo de la casi totalidad del electorado del partido demócrata que, podría decirse, se mostró aterrado frente al discurso de Trump.
A muchos republicanos le resulta más que difícil votar al candidato a presidente de su propio partido y hasta muchos destacados líderes republicanos se abstuvieron de hacer campaña en favor de Trump.
Es una tendencia que se ha manifestado en las elecciones de varios países de Europa con el soporte de poblaciones que desean aislarse de un mundo conflictivo, también de las incertidumbres que en el campo laboral produce la revolución tecnológica y los constantes cambios en el mercado laboral.
El de hoy, en definitiva, es un comicio en el cual mayoritariamente se votará en contra de Hillary, o de Trump.
Los más entusiasmados son los grupos de la derecha xenofóbica con la candidatura del republicano a quien los conservadores observan con enorme desconfianza.
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