Por ser elegida como la sede de los búnkers de los demócratas y republicanos, la ciudad de Nueva York se llenó ayer de policías y de todo tipo de medidas de seguridad, entre ellas una que despertó mucha curiosidad: largas filas de camiones de carga repletos de arena frente a la Trump Tower, el hogar de Donald Trump, y el Península Hotel, donde Hillary Clinton se apostó para esperar los resultados.
Ambos edificios se encuentran apenas a unas cuadras de distancia y están ubicados en el coqueto corazón de Manhattan, un distrito que tanto el magnate como la ex secretaria de Estado consideran como su lugar en EE UU.
A horas de conocerse los resultados y después de una campaña presidencial marcada por la tensión y la virulencia política, las autoridades de la ciudad decidieron reforzar la seguridad con 5.000 policías a lo largo y ancho de Manhattan.
Además, decenas de calles fueron cerradas en el centro del distrito hasta primera hora de hoy.
En los días previos a la elección, fuentes de seguridad filtraron a medios norteamericanos que manejaban información sobre amenazas de ataques islamistas contra Nueva York durante la jornada electoral. Pero finalmente todo se desarrolló sin sobresaltos.
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