Todos los fines de año lo mismo. Se acaba el mundo e intentamos hacer todo lo que no hicimos y nos prometimos hacer.. Las fiestas navideñas, que carecen ya de sentido religioso, consisten en discutir con quién pasamos esa cena, con qué parientes nos toca o no estamos mas o menos peleados y luego de ponernos de acuerdo en tan delicado tema, viene lo mas difícil : qué debemos llevar. El menú - que de eso se trata, de comer y beber- no es muy variado, es lo tradicional, y encima es como lo hacían nuestros antepasados inmigrantes, para quienes la navidad se pasaba generalmente en lugares fríos y necesitaban alimentos calóricos. También hay que pensar en los regalos que pondremos al pie del arbolito y que si todavía alguien no se enteró, este año vienen de crisis y bolsillos flacos. Aún se discute acerca de bonos, montos, aumentos de sueldo, paritarias, y estamos nerviosos y pendientes de esto y eso se nota en la calle, en las casas, en las oficinas. Estamos nerviosos, estresados no nos aguantamos a nosotros mismos así que menos a los demás. Todos nos desean - y deseamos a todos- buenos augurios, pero hasta ahora, no se notan. La paciencia se acaba. Hay una frase que circula en Facebook : “Dios, dame paciencia...pero ya !”. Y eso nos pasa. No hay mas que abrir un diario para ver que alterada anda la gente, y la moda es moda, y una de las cosas que están de moda es llevarse a la gente a pasear sobre el capot del auto en un accidente vial o retroceder y atropellar a peatones que molestan. Y parece que el estrés es mas contagioso que la gripe, todos los fines de año nos pasa lo mismo. En realidad, generalmente, no son fiestas, son esfuerzos denodados para que parezca que lo son. Ensayamos sonrisas, suavizamos conflictos, prometemos perdonar, ser mejores personas pero sabemos que son promesas vanas, como dice el tango y despedimos el año, deseando que el próximo sea mejor, pero solo seremos un año mas viejos. Esperamos con ansiedad las fiestas y con ansiedad, esperamos que pasen, excepto los chicos. Pero ya no somos chicos, aunque, por las dudas vamos a brindas por un año mejor.
En realidad, nuestro brindis de buenos deseos debería ser por un año con menos conflictos, menos estrés, mas tolerancia, mas respeto por el otro y por nosotros mismos. Que alguna vez esa utopía se haga realidad.
(*) Socióloga.
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