Especial para EL DIA
de National Geographic
Los océanos se llenan de residuos plásticos y cientos de especies marinas comen una cantidad asombrosa de ese material.
Sin embargo, nunca se había investigado por qué tantas especies, desde el mínimo zooplancton hasta las ballenas, lo confunden con alimento.
Ahora un nuevo estudio explica el motivo: huele a comida.
Las algas son consumidas por el krill, un pequeño crustáceo que es principal fuente de alimento de muchas aves marinas.
Cuando las algas se descomponen naturalmente en el océano, emiten un feo olor a sulfuro de dimetilo, o DMS.
Las aves marinas que cazan el krill saben que el olor a sulfuro las conducirá a sus áreas de alimentación.
LAS ALGAS
Sucede que los desechos plásticos flotantes constituyen una plataforma perfecta para que prosperen las algas.
Cuando las algas se pudren, emitiendo olor a sulfuro de dimetilo, las aves marinas, siguiendo su olfato en busca de krill, son conducidas hacia una “trampa olfativa”, según un reciente estudio publicado el mes pasado en la revista Science Advances.
Entonces, el resultado es que en lugar de alimentarse de krill, se alimentan de plástico.
“LLAMADO A COMER”
“El sulfuro de dimetilo es la campana de la cena”, explica Matthew Savoca, un estudiante de doctorado de la Universidad de California y autor principal del estudio.
“Cuando la gente escucha la campana para cenar, sabe que hay comida por los alrededores. La idea es la misma. Una vez que la nariz de las aves les indica que es ahí donde pueden esperar encontrar krill, se enciende su alarma de búsqueda de alimento, y baja el umbral de discernimiento de qué es comida y qué no”, explica.
ESPECIES AFECTADAS
Los residuos plásticos se han ido acumulando rápidamente en los océanos, duplicándose cada una década, de acuerdo a coincidentes cálculos científicos.
En 2014, un análisis global determinó que había 250 millones de toneladas de plástico oceánico, en su mayor parte suspendidas en forma de partículas del tamaño de un grano de arroz.
Se logró determinar que más de doscientas especies animales consumen plástico.
Entre las especies más afectadas se encuentran las las tortugas, las ballenas, las focas, aves y desde luego los peces.
RIESGO ESPECIAL
Las aves marinas corren un riesgo especial.
Un estudio publicado el año pasado por científicos australianos determinó que prácticamente todas las aves marinas han consumido plástico.
Hace tiempo que se tiene conocimiento de que el plástico del océano es consumido debido a que tiene sabor a comida.
Las tortugas marinas, por ejemplo, suelen confundir las bolsas de plástico transparentes con algunas medusas.
Otros animales marinos, incluso los peces, se tragan trocitos de plástico del tamaño de un grano de arroz descompuestos por la luz solar porque se asemejan a las pequeñas partículas que suelen comer.
EL ESTUDIO
Este estudio sobre la forma en que los olores podrían estar relacionados con el consumo de plástico de los animales marinos es el primero en su tipo.
Savoca se unió a un científico que estudia la forma en que los olores afectan la toma de decisiones y a un químico especializado en alimentos y vinos, con el objeto de determinar qué olor podía ser el responsable.
“Suele ser el olor el que impulsa a los animales a buscar comida en la zona y enciende su `modo alimentación´. Se agrega otra capa. Es mucho más probable que un ave marina lo coma si tiene aspecto y olor de alimento”, puso de relieve Savoca.
La bióloga evolutiva Chelsea Rochman, de la Universidad de Toronto, estudia los efectos tóxicos del plástico consumido por los peces y considera que este trabajo es un gran paso para comprender por qué los animales marinos están comiendo plástico.
“En todos los estudios sobre residuos plásticos los investigadores afirman que los animales `eligen´ comer desechos plásticos y no prueban ni explican por qué”, dice Chelsea.
“Este es el primer grupo que realmente ahonda en los detalles del por qué”, enfatiza.
El equipo de Savoca decidió concentrarse en aves ya severamente afectadas por el consumo de plástico como albatros, petreles y pardelas.
Instalaron boyas de micro plásticos en bolsas en la Bahía de Monterrey y en Bodega Bay, en la costa de California.
Luego de tres semanas, recuperaron las boyas y analizaron el olor en el laboratorio.
“Apestaban a sulfuro”, dijo Savoca.
No tardaron mucho en identificar al sulfuro de dimetilo como sustancia predictora del consumo de plástico y clave química de información que conducía a los animales hacia el plástico como si se tratara de krill.
Las pruebas de extracción de olor confirmaron que tres variedades comunes de plástico adquirían olor a sulfuro de dimetilo en menos de un mes.
El equipo también descubrió, y no fue sorpresa, que las aves que se sentían más atraídas por el olor a sulfuro de dimetilo son los albatros, los petreles y las pardelas que son las más severamente afectadas por el consumo de plástico.
Muchas de esas aves habitan en nidos subterráneos, y los ejemplares jóvenes pasan más meses en tierra que las aves que anidan sobre la superficie. Como consecuencia las aves con nidos subterráneos dependen más de su sentido del olfato para desplazarse. “Deberíamos prestarles más atención a esas especies”, dice Savoca.
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