En contra de la lógica consumista, que fomenta la posesión, la acumulación y el apego, la palabra “Soltar” se consolida como el concepto del momento. Claro que el término no anima a alejarse de la circuito mercantil, pero sí invita a desprenderse de cosas, de personas y de pensamientos.
Guillermina Valdés es una de las figuras mediáticas que se tatuó la palabra. Después de una crisis de pareja con Marcelo Tinelli decidió grabar el término en uno de sus brazos. Dentro y fuera de la farándula, el “soltar” como estilo de vida no para de acumular adeptos.
¿Qué significa exactamente?
El concepto tiene raíces budistas y fue adoptado por distintas corrientes filosóficas, espirituales y psicológicas. Supone desprenderse de todo aquello que causa sufrimiento o, en el caso de los objetos, que ya no existe razón para conservarlo. Sería una suerte de minimalismo aplicado a todo.
El objetivo: librarse de los lastres que suelen arrastrarse por años para avanzar livianos por la vida o, al menos, sólo con la carga necesaria.
“El concepto es amplio y está muy relacionado con el dejar de controlar, de querer que todo sea como uno cree que debería ser y frustrarse o enojarse en caso contrario. Soltar implica dejar a un lado pensamiento, expectativas, deseos y dejar que las situaciones sean”, explica Cesar Castaños, director de la Escuela Latinoamericana de Coaching, filial La Plata.
En este sentido, el “soltar” se relaciona con el “fluir” y para ello sería necesario “aceptar”. Estos tres conceptos, aunque suponen distintas cosas, van agarrados de la mano.
Claro que tatuarse alguna de estas palabras no implica conocer su significado más profundo. Es sabido que las modas tienden a banalizar a sus objetos de culto.
Gabriela Gaddi, profesora de Yoga, explica que una de las primeras tareas que se asigna a los practicantes de Yoga (“la puesta en práctica puede llevar toda la vida”) es la de aprender a observar y a observarse objetivamente, sin juicio. E intentar conservar esta forma de vincularse con el adentro y con el afuera, en cada momento y en cualquier circunstancia de la vida.
“Todo lo “manifestado”, dicen las escrituras, es decir; todo lo que tiene forma y confiere al plano de nuestra existencia finita, está sujeto a cambios, a opuestos. Mientras que lo “inmanifestado”, lo absoluto, lo siempre existente, lo que no entra en el plano de lo visible pero que también nos compone, es inmutable”, explica Gaddi.
La filosofía del Yoga insta a habitar lo mutable, con una postura ecuánime. Propone enfrentar los vaivenes de la vida, tratando de no entrar en la desesperación. “Nos ayuda a entender que existe un juego cíclico, accionado por nosotros mismos (a través de nuestros pensamientos y acciones, del pasado o el presente) que le da forma a las circunstancias que nos rodean, y a los aconteceres diarios. Aprender a aceptar esas circunstancias y aconteceres, y a no renegar de ellos, es parte de nuestro deber como practicantes”, dice Gaddi.
Tener presente que todo tiene un ciclo facilita la tarea de “dejar ir”. Desprenderse de las cosas y de las personas o pensamientos tóxicos es uno de los pilares del soltar. La teoría supone también que al liberar estos espacios, se abriría lugar para que llegue lo nuevo.
Aceptación Vs resignación
“Es importante entender que aceptación, no es lo mismo que resignación. Hablar de resignación es hacer referencia a un caso cerrado. Algo que ya no genera vida, que no puede ser transformado. Mientras que la aceptación nos invita, una vez más, a observar objetivamente. A intentar comprender el por qué, a ejercer una escucha abierta. A dar una oportunidad. A aprender”, diferencia Gaddi.
Castaños coincide en esta diferenciación: “La resignación genera una emoción de tristeza o depresión. En cambio la aceptación me permite accionar de una manera distinta. Si acepto que eso no depende de mí, mi estado de ánimo va a ser distinto”.
El coach advierte que el concepto puede dar lugar a malentendidos. “Soltar no significa falta de compromiso: soltar todo aquello que no me sirva para tener una vida más placentera (pueden ser recuerdos, historias, relaciones) no quiere decir que no me comprometa con algo que quiera”, diferencia.
La profesora de Yoga explica que algunas veces lo que se debe aceptar es aquello que no se puede modificar con la propia voluntad, como la muerte de un ser querido. En esos casos lo que habría que modificar es la posición que se toma frente a esa situación.
“A veces no soltar cosas vividas muchos años atrás genera resentimientos. Hay que aceptar que lo que pasó pasó y ya no se puede modificar. La aceptación me trae paz respecto a lo que no puedo modificar y no me genera resentimiento”, ejemplifica Castaños.
Según la teoría del Yoga, tanto lo manifestado como lo inmanifestado habita en cada uno. Mientras que lo que tiene forma le da paso a la vida; lo que no tiene forma, la sostiene.
“El Yoga nos ayuda a comprender que, aunque nuestros limitados ojos aún no lo puedan ver, hay un trasfondo que da sentido a cada acto, a cada vínculo, a cada tarea. Nos enseña que no somos nosotros los hacedores, sino tan sólo los instrumentos”, dice Gaddi, y agrega: “Recibir esta enseñanza y transferirla a nuestras fibras más profundas, nos hará capaces de entregarnos al curso de lo visible con confianza y fluidez, porque aunque los embates de lo externo nos golpeen, hay algo de nosotros que intuye que no somos solo afuera, no somos solo cuerpo”.
La “magia” de desprenderse de cosas
La japonesa Marie Kondo, que aborda la organización como una forma de terapia, vendió millones de ejemplares de su libro “La magia del orden”. El eje de su sistema: desprenderse de todo aquello que no se utiliza o no contribuye a la felicidad.
“La verdadera vida comienza después de poner tu casa en orden”, asegura, y explica: “Ordenás tu casa, pero también ordenas tus asuntos y tu pasado. El resultado es que puedes ver con claridad lo que necesitas y lo que no”.
En la teoría de Kondo todo se reduce a dos tareas: decidir de qué cosas desprenderse y encontrarle un lugar a las que permanecerán. “Son solo dos tareas, pero la eliminación debe ir primero. Asegúrate de concluir la primera tarea antes de empezar con la siguiente”, escribe en su libro.
Una pregunta sería clave para decidir qué descartar: “¿Produce felicidad?”. Según la autora hay que descartar todo aquello que no produzca alegría. “Creo que deberíamos rodearnos únicamente de aquello que nos trae felicidad. Para algunas personas serán un montón de cosas. Para otras, solo un puñado”, sostiene.
“La clave es trabajar para identificar aquello que verdaderamente produce dicha, y para la mayoría de la gente no es fácil. Pero es la mejor manera de asegurarnos de que vivimos con aquello que nos satisface. Y en la cantidad justa”, afirma Kondo.
También la aceptación de los ciclos aparece en su teoría: “Cuando te topes con algo de lo que no puedes desprenderte piensa con cuidado sobre su verdadero propósito en tu vida. Te sorprenderá cuántas cosas que posees ya cumplieron su función. Al reconocer su contribución y dejarlas ir con gratitud, serás capaz de poner en verdadero orden las cosas que posees y a toda tu vida”.
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