Por NICOLAS NARDINI
ANALISIS
Gimnasia dejó un pálida imagen futbolística en el cierre de su calendario deportivo en condición de local. Seguramente la gente que fue al Bosque tenía la esperanza de encontrarse con otra realidad. Sin embargo, una actualidad llena de dudas en el plano estratégico por parte del entrenador y el flojo desempeño de varios de sus protagonistas, fueron una combinación explosiva que conspiró casi de principio a fin contra el objetivo de dejar una imagen aceptable en la culminación del año en lo que a juegos en casa se refiere.
Ni siquiera las ventajas que otorgó un adversario absolutamente fuera de tono como Belgrano alcanzaron para que Gimnasia pudiera sumar de a tres. El Lobo tuvo enfrente a un rival con problemas de todo tipo y, así y todo, no logró hacer su negocio producto de sus propias carencias. La impericia para manejar la pelota, la ausencia de un plano de juego claro y los constantes volantazos tácticos de un técnico que jamás puede repetir un dibujo ni un concepto de juego de una fecha para la otra, fueron demasiado para un elenco que hasta cerca estuvo de perder contra una de las expresiones más flojas de Belgrano de Córdoba en mucho tiempo.
LOBOS, CONTRA VIENTO Y MAREA
A Gimnasia le costó horrores salir jugando con el balón dominado desde su propio campo. Más de una vez, cuando intentó poner la pelota contra el piso, no encontró los caminos para prosperar en el campo y terminó cerrando las jugadas con pelotazos de su propio arquero sin un destino cierto. En verdad, se parecieron más a despejes que a pases en largo con una idea nítida de gestación de juego.
En ese preocupante contexto, algunos chispazos de Lucas Lobos pusieron cierta claridad. Fueron arrestos esporádicos, es cierto, pero denotaron que tiene jerarquía de sobra para estar dentro del terreno de juego. Incluso tuvo que luchar contra la sugestiva función que le otorgó Alfaro en el comienzo del partido (como volante externo por la izquierda) a sabiendas de que el “10” no está en condiciones de hacer el ida y vuelta por la banda. El técnico expuso a Lobos a un sacrificio para el que a esta altura de su carrera no está capacitado, pero el propio jugador, con el oficio que dan los años, se las ingenió para centrarse y poder gravitar más en el trámite del partido. Sin ser el hombre que por peso específico puede cambiar por completo el andar del equipo, sí al enganche oriundo de Olmos le alcanzó para demostrar que es el más claro de todos para jugar.
Gimnasia nunca encontró la manera de abrir los caminos al arco de Olave. Desde el fondo jamás encontró claridad para salir con esférico dominado, en el centro del campo no impuso condiciones y los delanteros, además de tener escaso abastecimiento, no estuvieron en una noche iluminada en el plano individual.
Lo más llamativo y, en consecuencia, preocupante de cara al futuro si no se modifica el cuadro de situación general, fue la ausencia de un plan de juego. El equipo no tuvo volumen ni triangulación, aunque tampoco hizo daño con un juego directo. En la pelota parada tampoco hizo daño, mientras que en el plano defensivo no dio muestras de ser sólido. Hubo grietas por todos lados y salidas en falso que hubieran terminado en goles contrarios si del otro lado hubieran estado más despiertos sus atacantes.
El partido en general tuvo un ritmo cansino, los protagonistas no contagiaron a nadie. Es evidente que la mostrada anoche no era la imagen deseada por los protagonistas y el DT para ponerle el broche final a la chapa de 2016 en 60 y 118.
DEMASIADO TARDE
El primer tiempo se fue en blanco en el marcador. Fue un 0 a 0 muy gráfico, reflejo fiel como pocas veces del cero que se habían sacado ambos equipos en materia futbolística global.
En la etapa final Belgrano se había puesto adelante en el marcador casi sin proponérselo, tras la salida de un saque lateral que encontró al fondo tripero dormido.
Poco después, por esas cosas que tiene el fútbol, en una misma acción la historia pasó del posible 2 a 0 para Belgrano (tiro de Lértora al travesaño) al 1 a 1 albiazul, tras un envío de Lobos que tomó Faravelli para clavarla contra el caño izquierdo de Olave. En esa doble acción puntual, al menos sí la suerte estuvo del lado de los mens sana.
Recién en los últimos diez minutos Gimnasia cambió la marcha. Pero ya era demasiado tarde. Cerca estuvo, de todos modos, de sumar de a tres, La eventual victoria hubiera dibujado sonrisas entre los hinchas. Sin embargo, esa hipotética alegría que no fue hubiera sido efímera. Todos saben que el equipo está jugando mal y que así será difícil que las cosas mejoren.
A este Lobo le queda una última parada y, después, un verano de mucho trabajo en todas las esferas para encontrar un juego que vuelva a ilusionar a su gente.
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