C arlos Tevez, ídolo y referente de Boca Juniors, volvió ayer, tal como sucedió en la Copa Libertadores de 2004, a opacar la fiesta de un estadio Monumental que estuvo repleto con más de sesenta mil hinchas de River y que tuvo todos los condimentos de una fiesta.
Doce años después de la noche en la que festejó su gol haciendo la “gallinita”, Tevez volvió a ser el invitado que arruinó la fiesta que armaron los hinchas “millonarios”.
La previa estuvo marcada por los colores rojos y blancos y lo mejor se dio en la salida del equipo de Marcelo Gallardo con un color impactante.
En la platea San Martín se armó un mosaico “a la europea” con las iniciales del club (CARP) y la bandera Argentina en los costados.
En el resto de los sectores los tirantes plásticos blancos, rojos y negros adornaron el Antonio Vespucio Liberti que estalló con la salida de los jugadores.
El griterío y las bombas de estruendo demoraron la salida de Boca Juniors que fue recibido con un ensordecedor silbido y el ya clásico “el que no salta abandonó”, que recuerda la noche del gas pimienta en La Bombonera de la Copa Libertadores 2014.
Durante el partido, los hinchas “millonarios” vibraron con la remontada de Driussi y Alario pero lamentaron la respuesta de un tremendo Carlos Tevez, autor de dos goles para el triunfo 4-2 y para volver a opacar la fiesta local.
CON DEMORA
Con una hora de demora fueron abiertas las puertas del estadio Monumental y el público de River ingresaba en grupos. A la hora del inicio del encuentro el estadio presentó un lleno total. El horario de apertura estaba anunciado para las 13 pero recién a las 14 fueron abiertas las puertas y la policía dio paso en el último vallado del lado este del puente Labruna, como también por Figueroa Alcorta.
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