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En el banquete del Nobel leyeron el discurso de Dylan

Por Redacción

El banquete en honor de los Premios Nobel fue el momento escogido para leer el discurso del premiado en Literatura Bob Dylan, ausente en la ceremonia, en el que se dijo honrado por recibir un galardón “tan prestigioso”, lo que dio al último acto de la jornada un valor especial.

Al final de la cena de gala es tradición que un premiado por categoría tome la palabra para hacer un breve discurso de agradecimiento, pues en la entrega de premios se limitan a hacer una reverencia al rey Carlos Gustavo, a los académicos y al público.

Pero tras conocerse la concesión del galardón, Dylan mantuvo un absoluto mutismo durante más de una semana, y luego comunicó a la Fundación Nobel que aceptaba el galardón, pero que tenía compromisos que le impedían ir a recogerlo y que mandaría un discurso.

Así, Dylan comenzó disculpando su ausencia, pero aseguró que estaba en “espíritu” y que se sentía honrado por recibir un premio “tan prestigioso”, según las palabras del cantautor leídas por la embajadora estadounidense en Suecia, Azita Rajji.

“Recibir el Premio Nobel era algo que nunca habría podido imaginar”, aseguró Dylan, quien dijo que nunca tuvo tiempo de preguntarse si sus canciones son literatura, pero agradeció a la Academia que sí se lo hubiera planteado y que llegara a una respuesta “tan maravillosa”, que le valió el galardón.

El banquete había comenzado casi tres horas antes, con el descenso por la imponente escalera de piedra del Salón Azul del Ayuntamiento de Estocolmo de los invitados de honor, en un cortejo encabezado por un maestro de ceremonias y dos jóvenes estudiantes en traje de noche y tocadas con el clásico birrete universitario.

El cortejo lo abrió el rey Carlos Gustavo, acompañado de Odile Belmont, esposa del laureado en física Duncan Haldine, y seguidos de la reina Silvia junto al presidente de la Fundación Nobel, Carl-Henrik Heldin.

La familia real sueca asistió en su totalidad tanto a la ceremonia de entrega de premios en la Sala de Conciertos de Estocolmo como al banquete posterior.

Una vez sentados, los casi 1.350 invitados secundaron el brindis que pronunció el monarca en honor del creador de los premios, Alfred Nobel, fallecido el 10 de diciembre de 1896 en la ciudad italiana de San Remo.

Ese fue el momento en que los invitados conocieron el menú de la noche, que tuvo a la langosta y la codorniz como protagonistas, con un postre de aires japoneses a base de sudachi, un cítrico de ese país.

El banquete estuvo amenizado por la actuación de uno de las más famosos clarinetistas del mundo, Martin Fröst, y el compositor Magnus Lindgren, que llevaron a los presentes a través de la historia de la música.

Antes, el Nobel de Química, James Fraser Stoddart, destacó que sus estudios y los de los otros premiados en la categoría se realizaron con equipos de más de 30 países.

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