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Fraude, derroche y abuso en el presupuesto

Fraude, derroche y abuso en el presupuesto

Por Redacción

Por

robert j. samuelson

W ASHINGTON.– Todo reportero que haya escrito sobre el presupuesto federal sabe que hay una solución infalible para todo problema. Se llama “fraude, derroche y abuso”. ¿Desea acabar con el déficit presupuestario? Sólo elimine todo el “fraude, derroche y abuso” del presupuesto de 4 billones de dólares. Lo mismo puede aplicarse para recortar impuestos o aumentar gastos. Atacar el fraude y el derroche está lleno de virtud y prescinde de la difícil tarea política de tomar decisiones poco populares.

Es una fantasía, por supuesto. No hay suficiente “fraude, derroche y abuso” -o no podemos alcanzarlo- para evadir las decisiones difíciles. Pero nos aferramos a esa mitología porque nos hace parecer “responsables” y reduce el problema presupuestario a terminar con la pereza y vigilar las fechorías.

125 mil millones de dolares

Recordé todo eso la semana pasada cuando el Washington Post publicó un fascinante artículo de primera plana titulado “Pentágono ocultó estudio que revela 125.000 millones de dólares de derroche.”

El artículo, meticulosamente reportado por Bob Woodward y Craig Whitlock, reveló que un estudio del Departamento de Defensa halló que el Pentágono estaba “gastando casi un cuarto de su presupuesto de 580.000 millones de dólares en gastos generales y de operaciones esenciales, tales como contabilidad, recursos humanos, logística y administración de propiedades.”

Esas tareas deben realizarse, pero parece que los generales están abrumados por contadores y administradores de propiedades. Si pudiéramos sacar 125.000 millones de dólares del presupuesto anual del Pentágono, habría cantidad de dinero para gastar en verdaderas necesidades militares. En verdad, el informe afirma que los ahorros podrían cubrir los costos de 50 brigadas del Ejército. Parece claro.

No lo es. Cuando se lo examina, resulta que los ahorros proyectados de 125.000 millones de dólares se extienden en cinco años, del año fiscal 2016 a 2020. Eso modifica las cifras drásticamente. En lugar de ahorros anuales del 22 por ciento del presupuesto de Defensa (125.000 millones de dólares de 580.000 millones de dólares), los recortes plausibles están más cerca del 4 por ciento (125.000 millones de dólares de los aproximadamente 3 billones de dólares proyectados en gastos de Defensa desde ahora hasta 2020.)

La confusión de si los ahorros calculados se aplican a un año o cinco años constituye el punto débil de un reportaje de lo contrario excelente. Whitlock y Woodward dicen, efectivamente, que los ahorros ocurren en el curso de cinco años, pero no recalcan ese punto. Además, hay mensajes ambiguos.

Gran parte de su discusión de los costos se centra en el presupuesto anual. Un gráfico prominente muestra el presupuesto de Defensa anual y después sostiene que el informe del Pentágono “identificó una forma de ahorrar 125.000 millones de dólares.”

¿Qué concluiría un “lector razonable” de las confusas pruebas? Al decir “razonable” me refiero a lectores curiosos e inteligentes, que no son expertos y que leen en forma algo casual. Esos individuos, pienso, podrían llevarse una idea equivocada. Podrían pensar que los ahorros anuales potenciales son enormes y que reducir el derroche aseguraría unas fuerzas armadas adecuadas.

derroche

Por supuesto, debemos hacer todo lo posible para reducir el derroche, y el entrante gobierno de Trump debe echar otra mirada al informe. Pero algunos expertos en presupuesto independientes no han quedado impresionados. “Es un estudio algo especulativo,” expresa Michael O’Hanlon, de la Brookings Institution. Los blancos de ahorro son más bien “cálculos hechos en la parte de atrás del sobre” que rutas para lograr un cambio.

Parte del “derroche” refleja la complejidad. Hace unos años, el Ejército intentó reemplazar su Vehículo de Combate Bradley; después abandonó el proyecto por ser demasiado complicado, tras gastar 18.000 millones de dólares, recuerda Todd Harrison, del Center for Strategic and International Studies. El nuevo estudio se queja de que el Pentágono tiene más de 700.000 trabajadores civiles y bajo contrato para sostener a 1,3 millones de efectivos en activo. Pero esos trabajadores, dice Harrison, constituyen a menudo la manera más barata de realizar el trabajo.

Como O’Hanlon, Harrison duda de que se puedan lograr los ahorros totales del estudio. Muchas propuestas se hundirían bajo oposición en el Congreso y viabilidad administrativa. “¿Puede hacerse el mismo trabajo con menos gente?”, pregunta. “Si es así, ¿a quién debe despedirse? El estudio no responde eso.”

Esas preguntas son obviamente más que académicas. El Pentágono dice que necesita más gastos de los que permiten los actuales límites del presupuesto. Algunos expertos están de acuerdo. O’Hanlon sostiene que los gastos de Defensa deben aumentarse en casi 50.000 millones de dólares anualmente sobre los niveles actuales. ¿Cómo debemos responder a las diversas amenazas: terrorismo, guerra cibernética, Rusia, China?

Cualquiera sea la respuesta, no debemos engañarnos y pensar que la contradicción puede resolverse eliminando vastas cantidades de derroche. Si queremos reducir los gastos de Defensa, debemos recortar el tamaño y la capacidad de las fuerzas armadas. Si queremos expandir las fuerzas armadas, debemos pagar los gastos.

La lucha subyacente enfrenta al Pentágono contra el estado benefactor. En el curso de las décadas, las prioridades nacionales viraron drásticamente. En 1990, los gastos de Defensa constituían el 24 por ciento del presupuesto federal y el 5 por ciento de la economía (producto bruto interno). En 2015, Defensa representaba el 16 por ciento del presupuesto y el 3 por ciento del PBI y esas cifras estaban declinando. Sin duda, el Pentágono está perdiendo esa guerra.

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