A fines de los años veinte, Antoine de Saint-Exupéry, por entonces piloto de la compañía Aeroposta, sufrió una avería mientras aterrizaba su Latecoere-Late 25 en un campo a la vera del río Uruguay, en Concordia, Entre Ríos. En las cercanías vivía una familia francesa que lo invitó a pasar la noche en su caserón, conocido más tarde como Castillo San Carlos, actualmente en ruinas. Allí conoció a dos jovencitas que lo cautivaron y que se convirtieron en leyenda.
Si bien algunos de sus biógrafos sostienen que la descripción de El Principito, con sus cabellos dorados y sus rulos, coincidía con la de uno de los hijos de Charles Lindbergh, también aviador, otros sugieren que aquel accidentado aterrizaje a la vera del Rio Uruguay habría tenido también algo que ver.
Un texto publicado por el propio Saint-Exúpery en la revista parisiense Marianne con el título “Las princesitas argentinas”, y varias referencias en el capítulo “Oasis” de su libro “Tierra de Hombres”, invitan a pensar que el Principito y su mundo se gestaron en Entre Ríos.
Según quienes sostienen esta hipótesis, su confirmación habría quedado registrada con la voz del mismo Saint-Exupéry, quien en 1941 realizó varias grabaciones destinadas a un film que el director Jean Renoir nunca llegó a filmar.
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