En una casita despintada y en la mitad de un predio, apenas visible a cien metros desde la ruta 36, un jubilado guardaba en un cuarto todos sus ahorros. Los dos ladrones que fueron a buscarlo conocían que ahí había plata y que a su víctima la podrían someter sin demasiados esfuerzos. Todo en esta historia se dio como los delincuentes lo querían, inclusive el hecho de que por ahora siguen prófugos y no hay rastros de ellos.
Al comienzo de la tarde de ayer, bajo el sol radiante de las 15, un par de hombres llegó en moto al lugar que les habían indicado. Sobre la calle 60 a la altura de 192, en un sector semirural de Olmos, los sujetos entraron por un camino de tierra unos 30 metros. Dos perros negros miraron impávidos.
una tortura
Adentro estaba el jubilado que vive en esa casa modesta, del que no trascendieron sus datos personales. Los delincuentes lo amenazaron y lo redujeron a golpes. Fueron varios minutos de tensión, entre la incertidumbre de los intrusos de que los pudieran descubrir y, sobre todo, el temor del damnificado por lo que pudieran hacer con él.
Según contó un vecino de la zona, el maltrato incluyó golpes “en la cara y en el cuerpo”, y hasta algunas heridas cortantes, aunque no se aclaró si se las provocaron con un arma blanca o en la vorágine de la paliza. También “lo tiraron y zamarrearon por el suelo”, de acuerdo a la misma fuente.
El castigo se coronó cuando al jubilado lo hicieron sentar en una silla para luego atarlo de manos al respaldo con unos cables.
Los asaltantes revisaron la casa por completo, “la dieron vuelta” describió el vecino que habló con este medio, y pudieron así encontrar el botín que habían ido a buscar.
Se indicó que habría sido una cantidad muy importante de plata la que le pudieron robar, aunque ninguna fuente se atrevió a hablar en cifras.
También trascendió que le sustrajeron otros elementos personales, entre ellos una escopeta.
Con una velocidad que le llamó la atención a la gente de la zona, los ladrones se escaparon de ahí en la moto y no pudieron ser ubicados en los alrededores.
Una vez que supo que la pesadilla había terminado, el hombre salió a la calle a pedir ayuda. En la cuadra lo vieron tal cual lo habían dejado los delincuentes: con la cara ensangrentada, cargando tras de sí la silla a la que lo sujetaron y muy nervioso.
De a poco, la gente de la zona pudo reconstruir de boca suya cómo había transcurrido todo ese calvario.
La propia víctima se volcó a revisar cómo había quedado su vivienda tras el paso arrasador de los intrusos. Debajo de los objetos tirados y el desorden general, comprobó que el lugar puntual donde guardaba sus ahorros ya estaba vacío. “Se puso más nervioso todavía cuando se enteró”, describieron sobre calle 60.
Unas horas después de lo ocurrido, este medio se acercó a la escena del robo pero no encontró al jubilado. Se especulaba que podría haber sido llevado a un centro médico para que lo atendieran por las lesiones.
La policía fue avisada de la emergencia cuando los vecinos lo asistieron. Se desplegaron operativos en los alrededores y se controlaron las principales vías de escape. Sin embargo, todavía no se sabe dónde están.
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