La escalada de femicidios y otras formas menos drásticas de violencia contra las mujeres que se han instalado en la agenda social de los últimos tiempos no son la expresión de un escenario circunstancial ni una cuestión abordada sólo desde nuestros medios. El reciente trabajo del jurista norteamericano Duncan Kennedy hace foco en esta problemática desde una posición hasta ahora poco visitada, y permite con osadía plantear una hipótesis que desentraña esa estructura atávica de dominación que pone el acento en el sometimiento del sexo femenino, a la vez que lo responsabiliza de alimentar una ambigüedad que abona el terreno para el abuso sexual.
En línea con ese androcentrismo que cifra la cultura y cuenta con la complicidad del sistema jurídico, la crónica policial de los últimos años da cuenta de crímenes horrendos perpetrados contra mujeres que en muchas casos aparecen presentadas casi como instigadoras de la violencia, en tanto con su comportamiento o vestimenta “provocativa” han alentado la alternativa de ser acosadas o violadas.
Duncan Kennedy, profesor emérito de Teoría del Derecho en la Universidad de Harvard, retoma en su libro este estereotipo para analizar el peso de las estructuras de dominación en dos campos significativos que operan como formas de intervención política en el régimen del patriarcado: el imaginario sexual y la moda.
En “Abuso sexual y vestimenta sexy”, que publicó originalmente en 1993 pero presenta ahora en la Argentina, el ensayista explora las posturas fundamentalistas que señalan al sexo femenino como causante del abuso y analiza su incidencia en la construcción de fantasías sexuales centradas en imágenes de opresión masculina sobre las mujeres.
“Soy un varón blanco heterosexual de clase media intentado asumir mi lugar en la cultura sexual que ha formado mi identidad”, dice Kennedy en el inicio de este trabajo publicado por Siglo XXI que se reactualiza a partir de las declaraciones del flamante presidente estadounidense Donald Trump, quien en una grabación difundida hace unas semanas se jactaba de manosear a las mujeres sin su consentimiento, además de referirse a ellas como “cerdas gordas”, “perras” y “animales desagradables”.
“El abuso sexual o la amenaza de violencia sexual afecta la interacción de hombres y mujeres y el rol que cada uno juega dentro de la relación de pareja porque hasta los hombres que no abusan y no están ni siquiera dentro de ese patrón son beneficiados por estructuras y discursos que dominan la relación entre hombres y mujeres y el intercambio sexual”, sostiene Kennedy.
¿Cuáles son hoy los aspectos más problemáticos de la cuestión del abuso en la constitución de identidades masculinas y femeninas? Kennedy aborda la cuestión y las desentraña de manera impecable. “Cuando el libro se publicó en 1993 el tema del acoso callejero y la violencia doméstica eran por entonces muy debatidos en Estados Unidos -sostiene-. En realidad, las discusiones sobre estas problemáticas venían siendo muy frecuentes ya desde fines de los 70. En ese sentido creo que aquí se está dando hoy un proceso muy similar como el que aparece problematizado en mi trabajo. Por un lado, mi hipótesis transita una parte que no reviste polémica porque obviamente condena el tema del abuso y la violencia de género pero tiene un sesgo que sí ha resultado controvertido porque plantea una postura distinta de los enfoques para los cuales la vestimenta sexy es simplemente un reflejo del patriarcado y los valores de una sociedad”.
En su trabajo, el ensayista defiende la idea de que los hombres “pueden encontrar que las mujeres con vestimenta sugerente son algo a apreciar sin caer en un patrón abusivo. Estoy en contra en ese sentido de las posturas feministas que plantean como condenables la objetivación de la mujer por parte del hombre y viceversa. En ese sentido, creo que convertir en objeto al otro sexo no implica necesariamente caer en un patrón de abuso. Igualmente, la vestimenta sexy no es elemento puramente lúdico o extrincado de la cuestión abuso sino que tiene un costado más oscuro que no hay que soslayar”.
Editorial: SIGLO XXI
Páginas: 168
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