Por IRENE BIANCHI
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Twitter @irenebianchi
- ¡Holis! ¡Sonrían, chicas, que las estoy filmando!
- ¡Ni se te ocurra, Zulma! ¡No me escraches, con esta facha!
- Nené tiene razón, Zulma. ¿Qué se te dio por hacerte la cineasta?
- Nada de eso. Quiero hacer un reality de nuestros encuentros y subirlo a las redes para que se viralice. Así nos hacemos famosas.
- ¿A quién le puede interesar? Esfuerzo digno de mejor causa, amiga. Cortála.
- Si lo hace el mini Ottavis, ¿por qué no yo? ¿No lo vieron en You Tube?
- Subió 2 capítulos y no llegó ni a las 2.000 reproducciones, Zulma. Un fracaso estrepitoso. Vos sos una de las pocas que enganchó. Flojo de taquilla el sopeti.
- En una entrevista dijo, como si nada, que gana entre 60.000 y 80.000 pesos mensuales. Yo de jubilación, después de haber aportado toda la vida y de haberme roto el traste laburando, apenas cobro $6.237,41 de jubilación.
- Con esas chirolas, el “reality” nuestro es llegar vivas a fin de mes. Un verdadero test de supervivencia. Ni para los remedios.
- ¿Y se puede saber qué muestra el ex de la griega en sus videos?
- Muestra su casa, su vestidor, su baño, cocina un cochinillo para la familia, critica a los parientes porque no colaboran. Como el finadito Fort pero con menos glamour.
- ¿Saben qué? Nosotras estamos demodé. Los “after office” con glamour ahora se hacen en las piscinas de los hoteles 5 estrellas, no en un café cualunque como éste. Deberíamos aggiornarnos. Ahí sí valdría la pena hacer un reality, Zulma.
- ¿Y ponernos la malla? ¡Ni loca! Si vestidas no ligamos nada, imagínense con nuestras carnes a la vista de todos. ¡Un horror!
- Les cuento algo que las va a consolar. ¿La ubican a la espectacular Scarlet Johansson? Aparecieron fotos de ella en la playa con una celulitis indisimulable
- No es la única. Las que se ven lisitas es por sobredosis de photoshop.
- No, chicas. En estos After topísimos la gente está vestida informalmente, se reúne alrededor de las piscinas de algunos hoteles de lujo de Recoleta, toman tragos, charlan, pican “finger food”, se relajan y entablan relaciones. “Pool parties” las llaman. Tres gambas te cobran, con una copita de espumante.
- ¡Qué informada que estás, Greta! ¿Fuíste a alguna?
- Sí, como moza. Una changuita. Como champurreo inglés básico y algo de cocoliche, me conchabaron. Porque hay mucho turista extranjero, ¿viste?
- ¿Y hay pique? ¿O sólo “finger food”? Quiero decir, ¿se levanta algo?
- ¡Claro que sí! Porque la gente no está sentada como nosotras, sino que deambula de aquí para allá, circula, va rotando, semblanteando …
- Yo a lo sumo puedo armar una “pool party” alrededor de mi pelopincho, chicas
- Pero seguro que todos los que van a esos sitios paquetes son sub-40. No damos el target. Estamos medio pasaditas.
- Hay de todo. No falta algún excéntrico veterano, algún hippie viejo sobreviviente de Woodstock, que se le volaron las chapas pero se las ingenia para hacerse una colita, con aspecto de gurú psicodélico. Para todos los gustos
- Deben ir las minitas cazafortunas para enganchar algún ricachón. De esas flacas, altas, con piernas eternas, cabellera espesa, sin una sola arruga
- Yo a ésas de un caderazo las tiraría a la pileta, como sin querer queriendo. “¡Uy! ¡Sorry! ¿Sabés nadar, darling?” Y le tiro un flota flota.
- ¿Saben una cosa? Se distrajeron dándole a la charla y yo las grabé todo el tiempo. Búsquense en You Tube. Le pasamos el trapo a Ottavis ¡Chin, chin!
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